Contra la Violencia a las Mujeres

 

Grupos de Hombres

GRUPOS DE HOMBRES Y MOVIMIENTO FEMINISTA

Fernando Villadangos
Psicólogo Clínico - Sexólogo
AL-GARAIA, Sociedad de Sexología Granada

A partir de 1975, hace ahora tan solo veinticinco años, se han venido dando en el Estado Español profundas transformaciones tanto a nivel político, social, económico como cultural. Todo ello ha afectado también, como es lógico, a los modos y formas de vida, así como a la manera de entender los papeles o roles asignados a los hombres y a las mujeres en nuestra sociedad, tanto a un nivel de vida pública como a un nivel de vida privada.

Desde el movimiento feminista, fundamentalmente, se ha desarrollado una labor importante de cuestionamiento y denuncia de estos ROLES SEXUALES asignados a varones y mujeres hasta la fecha. Roles que, en sus formas más tradicionales e injustas parecen haber "saltado en pedazos" como estereotipos desfasados de una relación de opresión del hombre sobre la mujer, ya caduca.

Dentro de un nuevo contexto social "progresista" y permisivo, se ha desarrollado un trabajo intenso de denuncia y toma de conciencia de la situación de la mujer. Y se han comenzado a sentar las bases para una transformación real de situaciones injustas y discriminatorias desde diferentes campos. Por ejemplo, en el sistema educativo con la propuesta de integración de los objetivos de una educación no-sexista, llamada también coeducación y actualmente en fase de integración en muchos centros escolares del Estado. O, mucho más recientemente, desde hace apenas dos o tres años, con el planteamiento de integración de la educación sexual en la escuela ( contemplada por primera vez en la última reforma educativa), aunque todavía en fases muy iniciales y casi, en general, desde un planteamiento de deseabilidad teórica más que posibilitando pasos concretos para facilitarlo y llevarlo a cabo.

El movimiento feminista ha profundizado, como es lógico, en el análisis y la comprensión del papel de la mujer en los diferentes ámbitos, desde las propias mujeres, y en los papeles que desempeñan los hombres en relación a ellas mismas. El "doble código" se desenmascara y se hace evidente la existencia de una estructura opresiva del "hombre sobre la mujer " (análisis sociológico) o, más exactamente, de la existencia de unos valores sociales dominantes de competitividad, productividad, individualismo, opresión y poder de unas personas sobre otras, indistintamente de su sexo biológico.

Si observamos los costes individuales y los costes sociales que conlleva para la inmensa mayoría de la población nuestra actual cultura occidental y el modelo de vida que conocemos, gobernado por estos valores de individualismo, consumismo, competitividad, insolidaridad, sexismo y un largo etcétera, podemos darnos cuenta de que no es cierto que los hombres salgamos muy favorecidos en el reparto de privilegios y del bienestar, al menos si entendemos "bienestar" según los indicadores habituales de calidad de vida, salud y satisfacción personales.

Basta con echar un vistazo a las estadísticas oficiales de suicidios, accidentes automovilísticos, consumo de drogas, alcoholismo, conductas de tipo delictivo, número de presos varones en las cárceles, índice de cuadros depresivos, ataques cardíacos, o sencillamente la media de esperanza de vida, para comprobar que los hombres desarrollamos todo un tipo de comportamientos destructivos y autodestructivos contra nosotros mismos. Que los hombres nos morimos diez años antes como media. Y que parece que carecemos de las claves y de los recursos para enfrentar esto y solucionar estos daños. O quizás, sencillamente, de la conciencia necesaria para poder entenderlo. Parece que se trata o se tratara de algo inherente al hecho de ser hombre, a la condición masculina.

Los hombres estamos siendo agredidos fuertemente por unos condicionantes sociales y educacionales que sufrimos desde la infancia. Y que parecen invisibles o "naturales" y que, sorprendentemente, no parece que nos demos cuenta de su potencial dañino y destructivo. Desde el mismo momento en que nacemos y la matrona nos abre las piernas, mira y comunica a los padres: "Es un chico", comenzamos a ser el objeto de un tipo muy concreto de expectativas hacia cómo debemos de ser y de comportarnos. Bien diferentes en mucho a las que son enviadas hacia las mujeres. Comenzamos a ser el "blanco" de mensajes verbales y no verbales, el centro de órdenes conscientes e inconscientes que se supone que deben de ir conformándonos y según los cuales deberemos de ir aprendiendo a pensar, sentir y comportarnos como auténticos hombres. Y pagamos un precio muy alto, de adultos, por haber nacido, sencillamente, varones. Por ser hombres. Aquí y ahora.

Puede ser muy interesante pararnos en este punto y reflexionar acerca de la influencia y consecuencias que tiene para nosotros este condicionamiento educacional al que me he referido. Para ello, recojo a continuación y de forma detallada, un listado de veintiséis características, obtenido del trabajo con Grupos de Hombres, que refleja los mensajes más importantes que, como hombres, hemos recibido desde pequeños y que nos han "marcado", guiado, condicionado y conformado hasta convertirnos en hombres adultos. Una lectura atenta de estas veintiséis características seguidas, pueden proporcionarnos una sensación extraña o provocarnos la risa, como hace poco me ocurrió en una charla ante trescientas mujeres empleadas de hogar de Vizcaya, en la que, tras una lectura de este listado alguien exclamó: "¡ Pues vaya papeleta! ¡Menudo problema puede tener quien intente amoldarse a ese estereotipo ahí planteado!

Lo auténticamente grave del asunto es que ese estereotipo aquí planteado sigue siendo plenamente vigente hoy, en 1994. Y sigue siendo el origen del sufrimiento y la opresión del colectivo de los varones.

Puedo decir que, desde mi experiencia profesional, la mayor parte de los problemas, desajustes, conflictos emocionales, de salud y de relación interpersonal que aquejan a los varones, proviene de una interiorización de estos "mensajes tempranos" con que se nos ha castigado desde nuestro primer día de vida y que, a continuación, transcribo: "LO MASCULINO"

1.-Ser serio. No jugar
2.-Ser realista y "tener los pies en la tierra"
3.-Ser responsable. De tu vida y de la de los que te rodean
4.-Ser fuerte. No cedas ni te rindas nunca. No seas "un gallina"
5.-Ser autosuficiente. No necesitas de nadie
6.-Destacar y ser el primero
7.-Ser competitivo
8.-Ser agresivo. "Quien da primero, da dos veces"
9.-Trabajar (fuera de casa)
10.-Ser racional. No tengas fantasías ni te fies de intuiciones
11.-No muestres lo que piensas
12.-No expreses tus sentimientos, negativos o positivos
13.-Desconfía de los demás
14.-Ser sexual (genital-penetrativo-orgásmico)
15.-Tener erecciones y dar placer a tu pareja
16.-Ser heterosexual. Desear a las mujeres
17.-Tener un pene grande
18.-Estar siempre sexualmente dispuesto
19.-Actuar. No ser pasivo
20.-Ser joven, tener un cuerpo atlético
21.-Triunfar. Ganar
22.-Ser "cabeza de familia" (buen padre y buen esposo)
23.-Tener todas las soluciones y saber tomar todas las decisiones
24.-No caer enfermo
25.-Desconfía de tu cuerpo. Domínalo, es tu "herramienta" de trabajo
26.-No llorar, bajo ningún concepto.

A todo esto añadiría que el hombre que no consiga cumplir con todos estos requisitos arriba enunciados, no se podrá sentir bien ni realizado, pues será, sencillamente, un fracasado. No merecerá ni el cariño ni la atención de sus seres queridos y todo el sentido de su vida se derrumbará como un castillo de naipes a sus pies. Por lo que parece, los hombres lo tenemos dificil. Y parece no haber muchas opciones.

Me da la sensación de que, tanto el colectivo de los varones como el colectivo de las mujeres, no podemos decir que salgamos muy favorecidos de este estado de cosas, de este "reparto de papeles" que nos está haciendo pagar unos costes sociales y personales tan altos

Se hace urgente e imprescindible un trabajo de investigación de los papeles y roles sexuales que los hombres soportamos y de cómo nos están afectando. Y esto sólo se puede hacer, al igual que las mujeres lo comenzaron a hacer en los años sesenta y lo continúan realizando hoy en día, desde dentro, desde el trabajo entre los propios hombres. Desde los Grupos de Hombres. Poniendo en cuestión, también nosotros, la cultura patriarcal, machista y sexista que nos oprime en tanto hombres y poder entender así, por un lado, el coste personal que también los varones sufrimos y, por otro lado, posibilitar la comprensión y la toma de conciencia de nuestra situación y de los caminos para su superación.

Los hombres, con casi treinta años de retraso en esta lucha contra el sexismo, debemos ocupar nuestro lugar y tomar la parte de protagonismo que nos corresponde junto con las mujeres que están comprometidas por un cambio en los diferentes ámbitos sociales, profesionales y personales para, hombro con hombro, darnos la oportunidad de crear una convivencia más agradable, justa y humana entre todos y todas las que entendemos que esto es necesario. Porque se trata de una lucha compartida

Se hace necesaria una relectura del sexismo, fundamentalmente en cómo nos está afectando al colectivo de los varones, en cómo nos está agrediendo y destruyendo en estas formas que no han sido denunciadas y que se toman, sorprendentemente, como "lo más natural del mundo".

Es necesario desenmascarar o, al menos, replantear la pretendida "guerra de sexos" que supuestamente nos enfrenta a todos los hombres contra todas las mujeres y entender que la única guerra existente es la que enfrenta a hombres y mujeres que no están por cambiar nada y mantener los viejos valores de opresión frente a otros hombres y a otras mujeres que estamos luchando por una transformación real de las relaciones interpersonales y de las relaciones sociales

Creer en una "guerra de sexos" que enfrenta a todas las mujeres contra todos los hombres es un absurdo y un planteamiento combativo que destruye. Y, en muchos casos únicamente revanchista. Puede aliviar de forma superficial a las mujeres dañadas por este estado de cosas. Pero es un alivio "falsificado" que bloquea las claves de comprensión y solución a los conflictos existentes, enfocándolo en clave de " guerra hombre - mujer" más que en clave de "guerra estructura opresiva - personas (hombres y mujeres) que estamos, juntos, enfrentándola".

Entendiendo los condicionantes culturales que nos han tocado, deberemos tomar una opción personal e individual, seamos hombres o mujeres, bien trabajando por su transformación, bien permitiendo que todo continúe de la misma manera.

Ser un hombre puede ser algo fantástico. Ser una mujer también puede ser algo fantástico. Quizás nos encontremos en un momento propicio para unir nuestras fuerzas y reconocernos.

 

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