Información Sexológica

LA CIENCIA SEXOLOGICA
Un marco de referencia imprescindible en la práctica clínica

Fernando Villadangos López
Psicólogo Clínico - Sexólogo
AL-GARAIA, SOCIEDAD DE SEXOLOGíA

Extracto:

Esta comunicación es un punto de partida para una reflexión que cada vez se hace más urgente acerca de los presupuestos que guían nuestra labor terapeútica en Sexología Clínica. El modelo médico-patológico-psiquiátrico que encasilla a las personas y sus conductas en etiquetados del tipo "normal-anormal" "adaptado-inadaptado", "sano-enfermo"... resulta bastante peligroso cuando no inadecuado al trabajar con personas con dificultades en su área sexual. Muchas de las denominadas "patologías" o "disfunciones" sexuales las ha creado el psicopatólogo. Sencillamente no existen. Pero crean muchos problemas y dificultades que sí son reales y que tienen como raiz una interpretación moral de la sexualidad humana. Es importante revisar los planteamientos que subyacen a nuestro trabajo en clínica para poder ofrecer una ayuda eficaz e integradora a quien lo pueda necesitar.

LA CIENCIA SEXOLOGICA: UN MARCO DE REFERENCIA IMPRESCINDIBLE EN LA PRACTICA CLINICA.

La Ciencia Sexológica, una ciencia reciente con apenas tres décadas de existencia, bebe de otras muchas disciplinas científicas como pueden serlo: la Biología, la Sociología, la Antropología Comparada, la Medicina o la Psicología. De hecho, una de las más frecuentes confusiones está en entender a la Sexología como una rama o como una especialidad de alguna de estas otras disciplinas mencionadas, fundamentalmente de las dos últimas más relacionadas con la salud: la Medicina-Psiquiatría y la Psicología.

Las denominadas Ciencias de la Salud se han ocupado durante mucho tiempo del área de la sexualidad humana, aplicando sus marcos de comprensión, cuando no sus prejuicios morales a una dimensión de la persona, la sexual, casi nunca comprendida y reconocida en toda su magnitud, sino como una parte del individuo ligada más bien a la función reproductora y quedando "todo el resto" dentro del terreno del "sospechoso" cuando no "peligroso" mundo de "lo placentero". Y sin saber muchas veces qué hacer con ello, cómo manejarlo o cómo entenderlo.

Si algo es caracteréstico y definitorio de la Ciencia Sexológica, lo es su enfoque comprensivo de la persona "sexuada" y del "Hecho Sexual Humano". Un enfoque que denominamos "comprensivo" frente al habitual e histórico enfoque "patológico" de la Psiquiatría, caracterizado por el etiquetado de las personas y de las conductas sexuales en función de parámetros de "normalidad-anormalidad" o de "sano-enfermo".

Todavía hoy en día, un dato alarmante pero habitual en las Facultades de Medicina y de Psicología del Estado Español, lo es el hecho de las escasas referencias a la sexualidad humana. Cuando éstas se dan, lo son dentro de asignaturas del tipo de la "Fisiología" o "Psicopatología". No existe ni está contemplada dentro de los programas de formación de los y las futuros profesionales de la salud, salvo desde un enfoque reproductor y patológico.

De hecho, los únicos centros donde se imparte formación sexológica son de tipo privado, instituciones o centros de formación, Sociedades de Sexología que trabajan por el reconocimiento científico de esta disciplina. Dicho de otra manera, la Sexología no está reconocida como ciencia, ni en el Estado Español ni en cualquier otro lugar del mundo. De hecho, son únicamente dos las facultades de Sexología que existen en el planeta (Lovaina y Montreal). Esto, en relación al número de Facultades de Psicología y Medicina existentes, hace que los estudios sexológicos sean anecdóticos con respecto a un reconocimiento académico en el mundo científico.

Si el área de la sexualidad sigue quedando en manos de médicos, psiquiatras y psicopatólogos (estamentos históricamente con un fuerte contenido reaccionario), las diferentes conductas y manifestaciones sexuales seguirán siendo entendidas desde planteamientos normalizadores de conductas "sanas-enfermas", "normales-anormales", "adaptadas-inadaptadas" y no desde un planteamiento comprensivo sexológico.

No se entenderá la sexualidad desde la capacidad de disfrute de la persona sino desde si eres normal o no eres normal con respecto de unas conductas reproductoras que se entienden como sexuales: si tu deseo sexual es heterosexual se te considerará sexualmente normal. Si tienes una capacidad de erección en el caso del hombre y de lubricación vaginal en la mujer, se te considerará sexualmente normal. Si puedes realizar una penetración vaginal seguirás siendo considerado/a sexualmente normal. Y si, finalmente, tienes la vivencia orgásmica serás considerado/a sexual y felizmente normal.

En otras palabras, SI PUEDES REALIZAR TODOS LOS PASOS NECESARIOS PARA QUE SE PUEDA DAR UN EMBARAZO, ENTONCES SE TE CONSIDERARA SEXUALMENTE NORMAL.

Cabe plantear en este punto la sospecha razonable de si no se estarán confundiendo las cosas o, mejor dicho, de si no se nos estará intentando confundir las cosas. En este caso, sexualidad con reproducción humana.

La sexualidad, como dimensión de la persona que tiene que ver con su capacidad de disfrute, de placer y comunicación consigo mismo/a y con los otros, como un valor positivo de la persona, es una realidad que todavía no acaba de ser reconocida. Por el contrario, parece ser que seguimos fuertemente condicionados por la existencia de unos modelos de comportamiento prohibitivos del placer y que siguen identificando, aún hoy, a puertas del siglo XXI, "sexualidad" a "reproducción", o lo que es igual, a la conducta reproductora, al "acto sexual" que pasa por sus cuatro componentes fundamentales que hemos mencionado antes: deseo heterosexual, capacidad de erección en el varón y de lubricación vaginal en la mujer, capacidad de penetración vaginal y de orgasmo( al menos la eyaculación).

Esta es la "normalidad sexual médica", la norma deseable y la sexualidad realizada desde el esquema médico y patológico existente y al que estamos acostumbrados/as. Y desde aquí no es posible comprender la tremenda riqueza y diversidad de las manifestaciones, comportamientos y peculiaridades de la sexualidad humana y, mucho menos, es posible ofrecer una ayuda y una orientación eficaces a las personas con dificultades en este área desde un planteamiento de salud, hasta que éste sea revisado.

Porque no se tiene en cuenta si disfrutas o no de tu vivencia sexual, sino tan sólo si eres GENITALMENTE FUNCIONAL, si funcionas bien en el mecanismo de la reproducción humana: deseo heterosexual - erección - lubricación vaginal - penetración vaginal - eyaculación del hombre - embarazo (en el mejor de los casos deseado).

De hecho, toda la "patología sexual", tan popularizada hoy en día, tiene que ver con todo esto: con una incapacidad para conseguir un embarazo. Si hacemos un repaso de los etiquetados más habituales y conocidos en sexo-patología nos encontramos con: impotencia o incapacidad de erección; vaginismo o incapacidad de ser penetrada vaginalmente; eyaculación precoz, o incapacidad de controlar la eyaculación, muchas veces apenas habiendo penetrado en la vagina; eyaculación retardada, o imposibilidad de eyacular dentro de la vagina; inhibición del deseo sexual, muchas veces traducido por "no tener ganas" de una penetración, etc.

Probablemente, la existencia de este modelo de conducta que reduce gozar a penetrar tenga que ver con la sorprendente frecuencia de dificultades sexuales hoy en día. Si resulta que, cada vez más, un encuentro sexual se asemeja a una competición olímpica donde hay que "cumplir" para ser sexualmente "normal" y "dar la talla", no es de extrañar que tantas y tantas personas se desanimen (I.D.S. Inhibición del Deseo Sexual, la nueva "patología") o no funcionen como debieran a "la hora de la verdad" en lo que se entiende por el encuentro sexual.

El planteamiento que hemos denominado "patológico", vigente y escasamente cuestionado, se encuentra en el origen de muchas dificultades sexuales que aparecen en tantas personas, según vengo constatando en mi práctica clínica de estos últimos años, dado que no contempla las condiciones necesarias para el disfrute sexual. Más grave todavía, dada su proyección social al conjunto de la población desde la clase médica (autoridad médica), podemos decir que es el planteamiento o marco de referencia desde el que cada persona se entiende a sí misma como ser sexual y a todo lo que pueda sucederle en esta área de su persona.

Sin cuestionarlo, sin alternativas más comprensivas o enfoques más amplios a lo meramente mecánico y reproductor, es de esperar, lamentablemente, que se generará un sufrimiento cada vez mayor en el área sexual de las personas y las parejas, con un coste personal y social desproporcionado. Y sin claves que nos permitan entender qué está sucediendo realmente y los porqués de todo ello.

Aquí entra en juego el planteamiento sexológico-comprensivo de la dimensión sexual humana, como una manera realmente válida de ayudar y orientar a personas o parejas con dificultades sexuales. Es lamentable que en más de un cincuenta por ciento de personas y parejas que consultan (desde mi experiencia profesional) por un problema sexual, no exista ningún problema sexual (!!!) propiamente dicho, sino que lo que está causando el sufrimiento de dicha persona o pareja sea una falta de información o unas actitudes equivocadas con respecto a esta manera de entender el "sexo" desde el modelo médico-mecánicista que he estado cuestionando a lo largo de la comunicación.

A modo de caso clínico ilustrativo resumo a continuación el de una pareja joven heterosexual (27 y 29 años de edad ) que consultaron porque estaban a punto de separarse por un "problema sexual".

Llevaban año y medio de relación. Durante el primer año mantuvieron relaciones sexuales en un coche, utilizando el preservativo como método anticonceptivo, aunque vivido como incómodo. Sus relaciones sexuales fueron "bien vividas" durante este primer año, con placer mutuo, mucho juego sexual y caricias. No se plantean problemas de ningún tipo en este área. Al año, ella comienza a tomar la píldora, se estabilizan como pareja y comienzan a convivir en un apartamento alquilado, con lo que aumenta a mejor la posibilidad de estar en intimidad. Y ella empieza a sentir dolores en la penetración y progresivamente rechaza la penetración y cualquier acercamiento sexual de su compañero hasta llegar a una situación en que "no le apetece" tener relaciones sexuales.

Esta es la razón por la que deciden acudir a nuestra consulta sexológica, achacando a la píldora estas molestias de ella y falta de deseo.

Explorando su historial sexual, aparecen algunos datos relevantes acerca de las causas de sus dificultades para gozar sexualmente: durante todo el primer año en que se fueron conociendo, vivían sus relaciones sexuales "con mucho juego y caricias", podían estar toda una tarde en el coche disfrutando de su intimidad. La misma incomodidad del vehículo les llevaba a alargar este jugueteo sexual de manera que las veces que realizaban la penetración, ambos la deseaban fuertemente y corporalmente estaban excitados como para vivirla bien.

Una vez que: 1. Se estabilizaron como pareja. 2. Utilizaron un método anticonceptivo que consideraban seguro y cómodo. Y 3. Disponían de un lugar de intimidad para estar sexualmente como y cuando quisieran, sin temor a ser estorbados o molestados por nadie. Es decir, una vez que, teóricamente, disponían de las condiciones básicas para disfrutar sexualmente sin interferencias, su sexualidad comenzó a ir mal y ella a no disfrutar como antes y progresivamente a rechazar las situaciones sexuales en pareja.

Y no podían entender lo que les sucedía. Consultaron con nuestra consulta sexológica, ante la perspectiva de romper la relación de pareja "ya que la sexualidad es una parte tan importante de la relación que, si no va bien, quizás sea señal de que no funcionamos realmente como pareja".

Lo que realmente les sucedía era que, una vez que consiguieron un espacio cómodo, un método seguro y una estabilidad sentida como pareja, fueron "directamente al grano", a hacer el "acto sexual" SIN PERDER EL TIEMPO como antes en caricias y "preliminares". De tal manera que siquiera (en este caso, la mujer) disponían del tiempo necesario para que sus cuerpos pudieran reaccionar con la excitación a las caricias , escasas y rápidas y, en el caso de ella, la falta de lubricación y de un tiempo necesario de juego sexual, le permitiera lubricarse y gozar de la penetración como anteriormente había gozado.

El modelo sexual (médico-mecanicista-patológico) estaba influyendo de tal manera que no podían comprender lo que realmente les estaba condicionando y destruyendo su comunicación sexual, afectiva y de pareja.

Como el modelo sexual vigente reduce sexualidad a penetración, una vez se dan las condiciones para ésta, se deja de lado todo lo corporal, lo lúdico, las caricias y las otras formas de disfrute para "ir al grano", directa y rápidamente. Y comenzamos a boicotear nuestro propio placer y nuestra capacidad de gozar sexualmente con la otra persona

El enfoque sexológico puede ayudarnos a entender qué es lo que está sucediendo realmente. Y a modificarlo a nuestro favor si somos inteligentes

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