Estudios
Epidemiológicos
La Organización Mundial de la Salud (OMS)
realizó un análisis donde se combinaron los datos
de 9 estudios publicados. Se llegó a la conclusión
de que los usuarios de preservativos tenían dos tercios
menos del riesgo de contraer gonorrea, tricomoniasis o infección
por clamidia que los no usuarios. En este mismo análisis
se descubrió que los usuarios de preservativos tienen
un riesgo relativo de contraer VIH del 0.4%, o sea, menos de
la mitad del riesgo al que se exponen los no usuarios.
En
informes publicados en varios países, se encontró
que la posibilidad de infección por VIH disminuía
considerablemente entre las personas que usaban preservativo,
concretamente esta disminución era de 1.8 a 8.5 veces.
Las personas que padecen otras enfermedades de transmisión
sexual, especialmente las que causan úlceras genitales
(como sífilis y herpes), tienen una probabilidad de dos
a siete veces mayor de infectarse con el VIH que quienes no
las han tenido.
Cabe señalar que se ha demostrado que
el uso adecuado y sistemático del preservativo ofrece
una protección eficaz; en cambio, el uso adecuado pero
no sistemático, no protege completamente.
En un estudio en el que se trabajó durante más
de dos años con 53 parejas heterosexuales, donde uno
de ellos tenía VIH/SIDA, sólo 8 resultaron infectadas.
El uso del preservativo disminuyó la seroconversión
de las parejas sexuales de pacientes con VIH de una manera significativa.
Se encontró que la tasa de transmisión del virus
en contacto sexual sin protección fue 1/286 en hombres
y de 1/350 en mujeres.
En otro estudio realizado en Rwanda en 1986,
se elaboró un programa para promover el uso del preservativo
entre reclutas militares; durante su aplicación, que
incluía la distribución de preservativos, disminuyó
la incidencia de enfermedades de transmisión sexual de
un 12% a sólo un 5%. Asimismo, en Zaire, en un estudio
realizado con prostitutas y donde se promovía el uso
del preservativo, disminuyó la incidencia del VIH del
18% al 13%. En otro estudio prospectivo realizado en el mismo
país con 149 parejas casadas, en las cuales un componente
de la pareja no estaba infectada y el otro tenía VIH-1;
se realizó un seguimiento durante un año y se
encontró que inicialmente sólo el 5% de las parejas
usaba preservativo y después de la intervención
el 70.7% lo usaba en todas sus relaciones sexuales y hubo una
seconversión del 3.1%.
De estos estudios se puede concluir que la eficacia
del preservativo es casi perfecta para evitar la transmisión
de enfermedades de transmisión sexual, siempre y cuando
se use de forma correcta y sistemática.
Importancia
de la prevención de las enfermedades de
transmisión sexual en el control del SIDA
El padecimiento de una enfermedad de transmisión
sexual que se manifieste con úlceras genitales, puede
aumentar la probabilidad de contagio por VIH, concretamente
hasta 2.5 veces más en un sólo coito. La mayoría
de esas enfermedades son curables y se pueden prevenir. Por
eso, es importante realizar el diagnóstico oportuno y
el tratamiento adecuado de cualquier enfermedad causante de
úlceras, tales como la sífilis o el chancro blanco.
Es por ello que las estrategias para diagnosticar las enfermedades
de transmisión sexual bacterianas, paralelamente son
preventivas del SIDA.
Se conocen más de 20 agentes patógenos
que se propagan por contacto sexual: 11 bacterias, 6 virus (incluyendo
el VIH) y 2 ectoparásitos. Las enfermedades de transmisión
sexual son un grupo muy heterogéneo de enfermedades,
lo cual dificulta mucho su diagnóstico específico,
por lo que la OMS propone un enfoque basado en síndromes,
en vez de agentes etiológicos específicos.
Debido
a que la conducta determinante para que una persona adquiera
una enfermedad de transmisión sexual es la misma que
le puede acarrear la infección por VIH, es indispensable
que cada vez que se diagnostique y trate una enfermedad de transmisión
sexual se informe sobre el VIH/SIDA y se promueva el uso del
preservativo. Esto incluye que el paciente cuente con la información
necesaria para usar un preservativo correctamente y que se les
proporcionen en la clínica o sepa dónde conseguirlos.
Por otro lado, las investigaciones realizadas
en zonas urbanas indican que los programas de información
sobre SIDA no perjudican la imagen del preservativo como método
de planificación familiar, sino más bien al contrario,
aumentando el conocimiento del preservativo como método
anticonceptivo y de prevención contra el SIDA. Ambos
tipos de conocimientos estaban estrechamente relacionados.
Entre las razones que alegan las personas para
no usar preservativos, a pesar de mantener prácticas
de riesgo, se encuentran: que piensan que la pareja no puede
estar infectada; consideran que los preservativos realmente
no funcionan; olvidan llevarlos; están demasiado avergonzados
para hablar del asunto; tienen miedo a que la pareja se ofenda;
se encuentran demasiado afectados por el alcohol o las drogas
como para recordar el querer o poder ponerse un preservativo;
sienten que interfiere con las relaciones sexuales, disminuyendo
las sensaciones y la espontaneidad. Pero también otros
autores han manifestado que la falta de uso del preservativo
se debe a la falta de autocontrol, por la embriaguez, las drogas
o por la simple locura. Cabe tomar en cuenta casi todos estos
elementos en cualquier programa de promoción del uso
de preservativos.
Finalmente hay que señalar que, debido
a la estigmatización a la que se asocian las enfermedades
de transmisión sexual y al inadecuado manejo de la información
sobre sexualidad en los centros de salud, no todos los afectados
solicitan atención y para cada persona que busca tratamiento
para una enfermedades de transmisión sexual hay al menos
otra persona expuesta o infectada. Es necesario ofrecer espacios
de atención donde la persona sienta confianza, con la
seguridad de contar con la confidencialidad y el respeto de
su intimidad necesaria para favorecer la asistencia que requieren.