Introducción
histórica
El término condón se debe
a un médico de la corte de Carlos I de Inglaterra,
de apellido Condon, quien sugirió al monarca la incorporación
de este elemento en sus prácticas sexuales, con el
fin de limitar su ya numerosa descendencia. Sin embargo,
existe evidencia del uso del preservativo masculino entre
los egipcios hacia el año 1350 a.C.
La
primera aparición de un tratado sobre el uso del
condón para prevenir enfermedades de transmisión
sexual, fue en 1564, en un libro titulado Morbo Gallico
del anatomista italiano Gabriel Fallopio: en él se
hace referencia a la sífilis y recomienda usar el
condón de lino como medida de protección de
dicha enfermedad.
Potts y Short (1989) afirman que el condón
o preservativo masculino surgió más como medio
de protección ante el contagio de enfermedades de
transmisión sexual, que como método anticonceptivo.
A pesar de que el preservativo ha sido utilizado desde hace
mucho tiempo, el puritanismo de la sociedad occidental lo
ha mantenido en la oscuridad y como un tema intocable en
sociedad. Es con la aparición y proliferación
del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA)
en la década de los 80, cuando el preservativo toma
mayor relevancia y se convierte en el principal método
para evitar el contagio del virus de inmunodeficiencia humana
(VIH).
Con frecuencia el término sexo seguro
se utiliza como sexo con preservativo, pero las únicas
practicas sexuales que pueden incluirse dentro de este son
aquellas en las que no existe ni penetración ni intercambio
de secreciones o de sangre. Sí se incluirían
prácticas como la masturbación, las caricias
y los abrazos. Por ello, al referirnos al uso del preservativo
o a cualquier otro tipo de barrera mecánica durante
una relación sexual con penetración, es preferible
hablar de sexo protegido. En este sentido, hay que afirmar
que la piedra angular para la prevención, de tanto
enfermedades de transmisión sexual como de embarazos
no deseados, es la educación. A lo largo de los años
se han dado diferentes enfoques sobre la educación
sexual, enfoques erróneos que van desde el reproducido
hasta la educación basada en el rechazo y el miedo
a la actividad sexual, tácticas muy utilizadas por
distintos grupos muy conservadores de la sociedad; sin embargo,
éstas nunca han sido eficaces para disminuir las
tasas de enfermedades de transmisión sexual o las
de embarazos no deseados. Al contrario, un enfoque educativo
más permisivo y realista sobre la realidad afectiva
y sexual, favorece el que se tomen las medidas preventivas
necesarias.