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¿Qué es masturbarse?
Esta es la primera cuestión sobre
la que pararnos a reflexionar. Máxime cuando, por
lo general, no suele ser habitual el hacerlo, ya que compartimos
el curioso mito cultural en torno de la masturbación
consistente en que ya está lo suficientemente claro
para todo el mundo lo que significa y a lo que nos estamos
refiriendo cuando hablamos de esta experiencia sexual.
La cuestión no parece estar tan clara
cuando nos paramos a intentar definir la masturbación
desde las experiencias personales y no desde la conceptualización
normativa social al uso. Así, de una primera acepción
"de la calle" que recoge que la masturbación podría
ser definida como:
"procurarse
placer sexual una persona a sí misma con caricias
genitales y llegando al orgasmo"
Vemos que se queda excesivamente pobre y
que no abarca la tremenda riqueza de matices que la masturbación
el autoerotismo que las personas poseen o pueden llegar
a poseer. A través de la técnica de "discusión
creativa" de los Talleres de Caricia, donde se intenta una
definión más completa en el sentido de que
recoga la experiencia o experiencias individuales de las
personas que pretendemos definirla, llegamos habitualmente
a un resultado mucho más amplio (aunque no definitivo)
y que podría transcribirse de la siguiente manera:
"Masturbarse
es una posibilidad que tenemos las personas de sentir placer
sexual con uno mismo/una misma, por medio de fantasías
sexuales y/o caricias corporales, que pueden incluir o no
incluir los órganos genitales, que pueden llevarnos
a un nivel de excitación sexual o, por el contrario,
a niveles de placer sexual tranquilos y relajantes, y que
pueden culminar en la experiencia orgásmica o no
culminar de esta manera y que, en el caso de los hombres,
puede darse o no darse una eyaculación como consecuencia
de ello"
Como queda patente en esta nueva definición,
el concepto de masturbación, sometido a la experiencia
vivencial de las personas, se amplia y enriquece tremendamente
y, lo que es más importante todavía, se hace
nuestro, algo propio de cada individuo. Esto favorece la
integración de este elemento de la propia sexualidad
situándolo en un punto manejable y potenciador o
integrador de la dimensión sexuada y sexual de cada
cual. Si establecemos un concepto normativo de "masturbación"
estamos axfisiando la experiencia personal y creando "campos
de ansiedad" en una dimensión de la persona donde
deberían existir, en todo caso "campos de curiosidad".
Desde un planteamiento respetuoso con las
personas no podemos dar por buena la definición homogeneizadora
de la calle, agresiva a una vivencia individual y creativa
de la sexualidad humana. Por tanto, masturbarse puede significar
cosas bien distintas, tanto para los hombres como para las
mujeres que la incorporan en su experiencia erótica.
Y esto sin significar, en ningún caso, un cuestionamiento
del otro o de la experiencia de los otros, sino una posibilidad
de enriquecimiento mutuo y de aprendizaje en las diferencias.
Si
establecemos un concepto normativo de "masturbación"
estamos axfisiando la experiencia personal y creando "campos
de ansiedad" en una dimensión de la persona donde
deberían existir, en todo caso "campos de curiosidad"
De esta manera queda claro que la definición
de las diferentes posibilidades que tenemos las personas
de disfrutar de la sexualidad (y la masturbación
o autoerotismo es una de ellas) debería de pasar
por los filtros conceptuales de cada individuo para facilitar
que esas realidades fueran integradas e incorporadas adecuadamente.
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