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¿Puede ser que la masturbación te llegue a
gustar tanto que luego no quieras o no puedas mantener una
relación sexual satisfactoria con la pareja?
Aquí tenemos lo que suele llamarse
"más de lo mismo" con respecto a la pregunta anterior.
Sobre todo en las personas más jóvenes suelo
encontrar, con cierta frecuencia, temores en este sentido.
Como si el descubrimiento y la práctica repetitiva
de una actividad placentera fuera a cerrar las posibilidades
de ampliar la propia experiencia sexual y erótica
fuera de sí misma. Nada más lejos de la realidad.
El descubrimiento del placer en el propio cuerpo puede servir
como un acicate para explorar y descubrir el placer sexual
en la relación erótica con otras personas.
Si descubrimos algo como bueno, es lógico entender
que desearemos ampliar las posibilidades de ese descubrimiento
en otras facetas o áreas de la vida. Si una persona
goza consigo misma de su propio cuerpo, es lógico
pensar que esa misma experiencia positiva pueda y desee
llevarla a la relación con otra persona y pueda servirle
como un punto de partida realmente válido para construir
de forma placentera sus relaciones sexuales de pareja.
Por tanto, debe quedar bien claro que el
temor manifestado tras la cuestión planteada está
absolutamente infundado y que responde, como otras tantas
cuestiones relacionadas con la masturbación, a una
presión cultural sexofóbica empeñada
en introducir miedo, ansiedad y preocupación irracional
en torno de lo sexual, para impedir la vivencia positiva
y satisfactoria de esta dimensión humana tan castigada
en estos últimos decenios de nuestra reciente historia.
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