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¿Por qué masturbarse está mal visto
en nuestra sociedad?
Para responder a esta cuestión es
necesario tomar una perspectiva histórica de treinta
años a esta parte. Así entenderemos que, hoy
por hoy, finalizando la década de los años
noventa, el arco de la población que comprende infancia,
adolescencia y juventud (que son quienes hacen este tipo
de preguntas), se corresponde a las generaciones de hijos
e hijas, nietos y nietas de otras generaciones que sobrepasan
los cuarenta años de edad y que sufrieron en sus
carnes la tremenda represión sexual que caracterizó
al Estado Español hasta los años setenta.
Es decir, que a pesar de los tiempos que
corren, tiempos de permisividad social y cultural con respecto
de la sexualidad, una gran parte de las personas que formamos
el entramado social provenimos de generaciones donde la
represión sexual más estricta fue la moneda
común. Y otra gran parte de la población convive
con los prejuicios, malas vivencias, miedos y sentimientos
de vergüenza de estas generaciones inmediatamente anteriores
que están formadas por sus propios padres y madres.
Esta es la causa que explica la existencia de tantas contradicciones
entre las formas sociales al uso que supuestamente reconocen
la sexualidad o manifestaciones sexuales de las personas,
y los sentimientos de conflicto, miedo, vergüenza,
ocultamiento o inadecuación que se pueden percibir
en el contexto familiar, educativo y de convivencia más
cotidiana con respecto de la masturbación u otras
manifestaciones de la sexualidad.
La gente joven percibe que se dicen y se
defienden unas cosas y que se viven de otra manera contraria
en muchos casos: contradicciones lógicas de un proceso
de transformación de las actitudes generacionales
con respecto de la sexualidad. No podía ser de otra
manera. Es cuestión de tiempo y de valentía
que las actitudes negativas y contradictorias con respecto
de lo sexual no se sigan transmitiendo y perpetuando en
las generaciones futuras. En este paso nos encontramos hoy
y es evidente que las personas más jóvenes
nos muestran, como si fueran un espejo claro y transparente,
nuestras propias contradicciones. Aprendamos de ello y de
ellos.
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