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¿Puede un hombre eyacular sin masturbarse?
Sí, un hombre puede eyacular sin masturbarse.
Y a la inversa, un hombre puede masturbarse sin eyacular
y vivirlo de manera satisfactoria. Cuando los hombres nos
atrevemos a hablar con sinceridad acerca de nuestras experiencias
sexuales, nos encontramos a menudo con que se rompen muchos
de los mitos que rodean culturalmente la sexualidad masculina.
Así, suele ser habitual entender que la masturbación
masculina "debe" consistir en la estimulación de
los genitales para conseguir niveles de excitación
que terminen o culminen en la eyaculación. Esta es
la idea popular que no se corresponde, en muchos casos,
a la realidad de la vivencia concreta en muchos hombres.
O a la realidad en parte de las vivencias de muchos varones
que habitualmente si siguen esta pauta de comportamiento
en su autoerotismo.
En otras palabras, que no debería
de extrañar a nadie el hecho, circunstancial o voluntariamente
provocado, de la masturbación masculina donde la
eyaculación final no se produzca necesariamente.
De hecho, la fisiología genital masculina diferencia
los momentos de la flacidez del pene, la erección,
la excitación, la eyaculación y el orgasmo.
Pueden darse en conjunto y según este orden, o por
separado y en un orden diverso, dependiendo de múltiples
circunstancias. Todo hombre ha tenido la experiencia de
una eyaculación durmiendo, por lo general no acompañada
de erección, o de una eyaculación rápida
sin apenas erección motivada por un episodio sexual
altamente excitante. O de una erección que no desaparece
tras una eyaculación y que precede a una nueva eyaculación
sin fase de flacidez genital. O de una erección vivida
con sumo placer que no termina (ni se desea terminar) en
una eyaculación, con vivencia orgásmica pero
sin eyacular nada... y así un largo etcétera.
Cuando los hombres nos sinceramos entre nosotros y nos atrevemos
a hablar sobre nuestras sexualidades, como sucede en los
Grupos de Hombres, descubrimos que nuestro mundo sexual
es algo tremendamente rico (o que lo puede llegar a ser),
siempre y cuando no nos limitemos al estrecho margen cultural
donde se ha pretendido recluir y controlar nuestra "sexualidad
masculina". No somos máquinas de fabricar semen que
cuando se nos aprieta un botoncito expulsamos la eyaculación,
tal y como se espera de nosotros los hombres, sino que somos
personas humanas sensibles y sexuadas, sexuales, con una
capacidad de disfrutar de nuestro cuerpo y un deseo de enriquecernos
y mejorar la calidad de nuestra sexualidad y de nuestros
encuentros eróticos de pareja. Pero tienen que caer,
todavía, muchos mitos que rodean y comprimen, hoy
por hoy, nuestra vivencia erótica y sexual.
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