| Enriqueta
Barranco Castillo
Médica - Ginecóloga
Profesora Departamento Ginecología
y Obstetricia.
Facultad de medicina.
Universidad de Granada
Aspectos teóricos
Hace más de treinta años que las mujeres de todo
el mundo intentan limitar y espaciar los nacimientos usando los
métodos modernos de regulación de la fertilidad. A pesar de que
las mujeres fueron las primeras en impulsar el movimiento en favor
de la planificación familiar y siendo, además, las principales
destinatarias de casi todos los métodos contraceptivos, ni tienen
ni han tenido nada que ver con la selección e introducción en
el mercado de los métodos para la regulación de su fertilidad.
Desde hace quince o veinte años, mujeres de todo
el mundo han ido recogiendo los problemas de salud reproductiva
que les afectan, para intentar conseguir más poder sobre el control
de su fertilidad y sexualidad.
Para alcanzar estos objetivos se han hecho campañas
por la promoción de la elección informada de los métodos contraceptivos,
la creación de servicios alternativos de contracepción y por la
mejora de los servicios existentes. Estas acciones están enmarcadas
dentro del llamado "Movimiento por la Defensa de la Salud de las
Mujeres."
En el año 1990 se reunieron políticos, investigadores,
prestadores de servicios y representantes del movimiento por la
defensa de la salud de las mujeres. Sus objetivos eran tratar
de establecer un diálogo que, finalmente, permitiera la implicación
de "los grupos de mujeres" en la selección e introducción de las
tecnologías para la regulación de la fertilidad.
En el curso de este encuentro,se pusieron de manifiesto
diferentes puntos de vista, entre de los investigadores en planificación
familiar y las mujeres.
Para los científicos, la investigación acerca de
un método determinado se desarrolla en el laboratorio y, si el
producto pasa todos los controles exigidos se comienza a implantar
su uso, la mayoría de las veces sin haber tenido en cuenta otros
aspectos, como pueden ser las características y las necesidades
de la población para la que se han creado.
Para los "Grupos defensores de la salud de las
mujeres" el problema se conceptualiza en torno al cuerpo femenino
y a la autonomía de las mujeres. Se parte de ellas y no de la
tecnología, dando por sentado que las mujeres tienen derecho a
controlar no sólo su fertilidad sino también su sexualidad; que
si las mujeres ejercen estos derechos, se mejorarán y adecuaran
los sistemas de prestación de servicios y que las mujeres pueden
y deben decidir acerca de su fertilidad y su sexualidad.
Estos presupuestos ponen de manifiesto la profunda
diferencia que hay entre sus objetivos y los de los científicos
y políticos, para los cuales, la regulación de la fertilidad es
un medio de limitar el crecimiento de la población.
Como consecuencia de puntos de vista tan diferentes,
las mujeres, excluidas de la toma de decisiones y de los procesos
de investigación, han reaccionado de forma negativa a las decisiones
de unos y de otros. Además, muchos programas de planificación
familiar han abusado de métodos contraceptivos que no tenían en
cuenta el derecho de la mujer a la elección libre e informada
y no protegían su salud. Los científicos, cuando han prestado
atención a las mujeres, sólo han oído los planteamientos más extremistas
y han llegado a la conclusión que, para ellos, lo mejor es publicar
trabajos objetivos en la literatura científica e ignorar las opiniones
de las mujeres.
Como consecuencia, las realidades de la vida sexual
y reproductiva de las mujeres tienen poco impacto sobre la implantación
de servicios de regulación de la fertilidad o sobre los programas
políticos y poblacionales.
Actualmente, ambos grupos intentan acercarse, los
científicos tratan de implicar a las mujeres en sus procesos,
para de esta forma aumentar la aceptabilidad e idoneidad de las
tecnologías que desarrollan y las mujeres están intentando, a
su vez, comprender a los científicos y transmitirles su experiencia
en el campo de la salud reproductiva.
La introducción de tecnologías para la regulación
de la fertilidad, plantea dilemas éticos y morales de difícil
solución. Probablemente el diálogo ayude a identificar las áreas
donde es necesaria la colaboración entre científicos y grupos
de mujeres.
Los debates girarán en torno a las experiencias
de los individuos; su cultura; su conducta; la calidad en la prestación
de servicios de salud; las normas sociales; los códigos de valores
acerca de la sexualidad, la fertilidad y los roles de género y
el ambiente político y económico, por que serán factores que influirán
decisivamente sobre el uso de métodos contraceptivos.
Ningún método contraceptivo puede funcionar bien
para todas las mujeres y en todas las etapas de sus vidas, por
lo que deberán ofertarse un número lo más amplio posible de métodos.
La meta, para la mayoría de los científicos, está
en incrementar las posibilidades de elección a través del desarrollo
de métodos muy eficaces, reversibles y de acción prolongada. En
cambio, para las defensoras de la salud de las mujeres, la esperanza
está en la promoción de los métodos existentes, tales como los
de barrera, por que tienen pocos efectos secundarios, pueden ser
usados bajo control de la mujer y protegen frente a las enfermedades
de transmisión sexual.
Estas diferencias se basan en el diferente concepto,
que ambos grupos tienen, acerca de las cuatro características
principales que se exigen a las tecnologías de regulación de la
fertilidad: seguridad, eficacia, aceptabilidad y disponibilidad.
Durante las distintas etapas del desarrollo científico
de un determinado método contraceptivo, se investiga el que no
origine prejuicios o efectos secundarios permanentes; mediante
estudios clínicos y toxicológicos se intenta comprobar si un método
puede originar cáncer, o tener efectos graves sobre el funcionamiento
del corazón, los riñones o los órganos reproductores.
Las mujeres, usuarias de los métodos, en cambio,
se preocupan por las consecuencias que pueda tener el uso de estos
métodos para su salud, incluyendo las repercusiones sobre el deseo
sexual, y el bienestar físico y emocional --aspectos ambos que,
por otra parte, han tenido poco impacto entre los investigadores
y los prestadores de servicios.
Efectos secundarios tales como las irregularidades
en el sangrado menstrual (a los que los científicos le conceden
escasa importancia), pueden representar una gran preocupación
para las mujeres e influir en su percepción acerca de la seguridad
del método. Para las mujeres, la seguridad de uso de cualquier
método durante la lactancia, por ejemplo, así como los efectos
a largo plazo de un método determinado, constituyen una preocupación
fundamental. Igualmente, en el concepto de seguridad puede entrar
su reversibilidad inmediata.
La seguridad no se puede medir en términos absolutos
y la información técnica minuciosa no es suficiente, se hace necesaria
la participación de las mujeres en el proceso de la evaluación
previa de las tecnologías reproductivas.
Hay aspectos de especial relevancia en este proceso
de evaluación, como son las condiciones de salud de las mujeres
y la necesidad de analizar las interacciones entre los métodos
de regulación de la fertilidad y las enfermedades de transmisión
sexual, especialmente la infección por el virus de la inmunodeficiencia
adquirida (SIDA).
También hay otra discrepancia fundamental respecto
al concepto de seguridad.
Los científicos argumentan que el riesgo para la
salud de cualquier método debe ser contrapuesto al riesgo del
aborto clandestino o al de un embarazo llevado a término, y sus
prioridades van dirigidas al desarrollo de métodos eficaces, que
reduzcan las necesidades de las mujeres de recurrir al aborto
o la posibilidad de tener un embarazo de riesgo.
Las defensoras de la salud de las mujeres objetan
que los métodos tienen riesgos para la salud, unos inherentes
al propio método y otros originados por la mala prestación de
servicios, y que ambos factores pueden también representar graves
problemas, sugiriendo que se proporcionen aquellos métodos que
tengan mínimos efectos secundarios y que se ponga a disposición
de todas el aborto, como medio de apoyo para los casos de fallo.
Los científicos conceptualizan la eficacia de un
método contraceptivo en relación al número de embarazos que se
producen por fallo del mismo.
Las mujeres pueden definir la eficacia en otros
términos, basados en la influencia que el método ejerce sobre
sus vidas, incluyendo no sólo la prevención del embarazo sino
también su satisfacción con el mismo. Para muchas mujeres, pueden
ser más importantes que la eficacia contraceptiva, aspectos tales
como la influencia que un determinado método tiene en sus relaciones
sexuales, su percepción acerca del control que ejercen sobre el
método, si les permite libertad de usarlo o no cuando ellas decidan
y su eficacia para la prevención de infecciones, amén de la idea
de seguridad para la salud.
La comunidad científica tiende a dar demasiado
peso a la eficacia contraceptiva, dejando de la lado las preocupaciones
de las mujeres.
El tercer concepto que precisa ser revisado es
el de aceptabilidad. Entre los científicos las medidas comúnmente
usadas para evaluar los métodos contraceptivos son las tasas de
aceptación (acuerdo para comenzar el uso de un determinado método)
y las tasas de continuación en el uso. Las mujeres consideran
que, para valorar la aceptabilidad, se deberían incluir indicadores
que midieran la posibilidad de elección informada del método y
la satisfacción de la usuaria.
La aceptación de un determinado método se ve influenciada
por numerosos factores, entre los que se incluyen las preferencias
de los proveedores de servicios así como el tipo de método que
se instaure; así por ejemplo, si se inserta un dispositivo intrauterino
o un implante subdérmico, la tasa de continuación necesariamente
tiene que ser alta, debido a que al ser métodos dependientes del
proveedor las mujeres no pueden decidir por sí solas la interrupción
en el uso.
Las defensoras de la salud de las mujeres opinan
que el concepto de aceptabilidad es cambiante, como cambiantes
son las circunstancias de las mujeres.Cuando las mujeres están
preocupadas por sus derechos y tienen un mejor conocimiento de
sus cuerpos, generalmente desean métodos que no afecten a su salud.
Algunas mujeres piensan que los hombres también
deberían compartir la responsabilidad de la regulación de la fertilidad
y asumir los riesgos del uso de la tecnología, por lo que sería
deseable que se potenciara la investigación de métodos masculinos.
Sin embargo, a esta postura puede objetarse que incluso en los
casos de las parejas estables, muchas mujeres podrían no confiar
en que sus compañeros masculinos usaran eficazmente los métodos
contraceptivos, por lo que los métodos de uso por parte de la
mujer seguirían siendo prioritarios.
Cuando sólo se dispone de unos pocos métodos contraceptivos
no se puede hablar de aceptabilidad, ya que no hay posibilidad
de elección.
El último concepto que debe revisarse, según las
defensoras de la salud de las mujeres es el de disponibilidad.
Para que un método esté realmente disponible, deberá
cumplir una serie de condiciones, entre las que se incluyen puntos
de distribución fácilmente accesibles, horarios apropiados para
una gran mayoría de mujeres, personal adecuadamente entrenado
en el manejo del método en cuestión y que este pueda ser costeado
desde el punto de vista económico. El desarrollo de métodos contraceptivos
excesivamente costosos afectará a la disponibilidad.
Al final del encuentro se hicieron unas recomendaciones
para la acción, basadas en los siguientes puntos:
1. Participación de la mujeres.
Asegurar que las defensoras de la salud de las
mujeres sean incorporadas a actividades de programación y políticas.
Promover intercambios, a nivel nacional e internacional,
entre científicos y grupos de mujeres, con la finalidad de introducir
de las perspectivas de las mujeres en los programas de salud y
planificación familiar.
Concertar encuentros entre científicos y defensoras
de la salud de las mujeres, para discutir aspectos tales como
el desarrollo de nuevos métodos, las vacunas contraceptivas, el
uso y la promoción de los métodos de barrera así como el aborto
provocado.
Implicar a las mujeres e incluir sus perspectivas
para identificar las necesidades y prioridades de investigación
en materias relacionadas con la salud reproductiva.
2. En cuanto a la investigación se señalaron
los siguientes aspectos:
Revisar las líneas éticas, metodológicas y técnicas
de la investigación, en consonancia con las perspectivas de las
mujeres y teniendo en cuenta sus experiencias.
Promover la institucionalización de Comités Éticos
a en cada país, incluyendo en los mismos a mujeres.
Cuando se estén realizando ensayos clínicos, previos
a la introducción de los métodos de control de la fertilidad,
exigir que se establezcan unas mínimas normas para asegurar la
calidad de los servicios prestados durante la realización de los
mismos.
Las opiniones de las mujeres deben tenerse en cuenta
a la hora de revisar los conceptos de seguridad, eficacia, aceptabilidad
y disponibilidad.
Promover la formación de equipos de investigación
multidisciplinarios, desde una perspectiva integradora. Estos
equipos tendrán que tener en cuenta las opiniones y experiencias
de hombres y mujeres acerca de los métodos existentes y las características
que más les gustan o les disgustan de los mismos, así como sus
efectos sobre la salud, no sólo en cuanto a la prevención del
embarazo sino también en cuanto a la terminación del mismo en
caso de fallo. La efectividad de uso y la aceptabilidad del coito
interrumpido así como de la seguridad de la RU-486 frente al aborto
quirúrgico son aspectos que habrán de ser investigados.
3. En cuanto al entrenamiento de los profesionales
que indicaran, manejaran y dispensarán métodos de regulación de
la fertilidad se debería:
Promover la enseñanza de los problemas de salud
reproductiva entre los alumnos y alumnas, prestando especial atención
a las perspectivas de las mujeres y a las dimensiones tanto humanas
como técnicas de la regulación de la fertilidad, tanto en las
Facultades de Medicina como en las Escuelas de Matronas, enfermería
y otras instituciones clave.
Deberá incrementarse el número de mujeres científicas,
incorporando las "perspectivas de las mujeres" en los programas
y curricula, fomentando su participación en la investigación sobre
técnicas de regulación de la fertilidad.
4. Las líneas básicas que tendrían que guiar
la introducción de nuevos métodos de regulación de la fertilidad
deberían centrarse en:
Promover la introducción de métodos más seguros,
que puedan estar bajo el control de los usuarios y las usuarias.
Implicar a los grupos defensores de la salud de
las mujeres en todas las fases del desarrollo de los procesos
de investigación: diseño de proyectos, entrenamiento, gestión
de recursos, implantación de uso, control y evaluación de resultados.
En el contexto integral de los servicios de salud
y la participación de las usuarias y los usuarios, evaluar la
calidad de los cuidados en planificación familiar.
A la hora de introducir nuevos métodos de regulación
de la fertilidad tener en cuenta las condiciones especiales en
las cuales se desenvolverán: infraestructura sanitaria, costeabilidad
de los mismos a nivel nacional, calidad de los servicios de planificación
familiar existentes, status sociocultural y papel de las mujeres
en la sociedad.
Animar a los gobiernos para que adopten todas las
medidas posibles con el fin de eliminar y prevenir el aborto inseguro
o realizado en deficientes condiciones.
El reto final es, en primer lugar, hacer que los
resultados de las investigaciones estén asequibles, en un lenguaje
apropiado, al mayor número posible de mujeres en todo el mundo,
y, en segundo lugar, apoyar la existencia y continuidad de las
redes de mujeres en defensa de su salud. De la misma forma será
necesario que las publicaciones realizadas por los grupos de mujeres
sean difundidas y conocidas por la comunidad científica.
Una mujer, perteneciente a los grupos
por la defensa de la salud de las mujeres, nos da su opinión
Durante el I Simposio sobre Controversias actuales
en planificación familiar, intervino Frescia Carrasco, para hablar
de las perspectivas de las mujeres en planificación familiar.
De su interesante ponencia hemos entresacado los aspectos más
relevantes, en forma coloquial, tal y como ella lo hizo, ya que
pensamos que es una buena manera de difundir la información que
nos proporcionó.
Para Frescia, la introducción de algunos métodos
de regulación de la fertilidad puede tener aspectos cuestionables
(como puede ser el caso de la vacuna contraceptiva), no sólo por
los riesgos que el método puede tener en sí mismo, sino también
por sus posibilidades de utilización. Según ella, no se puede
considerar un método en el aire, por que los métodos no funcionan
en el vacío, ni en el laboratorio, sino en una sociedad con intereses
políticos, económicos y de poder de unos grupos sobre otros y
hay que asumir la responsabilidad que conlleva el potencial mal
uso del método, si este es comercializado. Frescia se preguntaba
el porqué no se invertían, por ejemplo, más recursos en investigación
sobre métodos de barrera y métodos que protejan frente a las enfermedades
de transmisión sexual, aludiendo a unas palabras de Mahmoud Fathalla,
(que fue Director del Programa Especial sobre Reproducción en
la Organización Mundial de la Salud) según el cual, el gran reto,
en este momento, es conseguir una revolución en la investigación
de tecnologías contraceptivas, ya que después de la gran revolución
que significó la píldora contraceptiva, muchos investigadores
han tendido a adaptar, mejorar, adecuar, reducir la dosis, cambiar
la formulación química etc. de la misma, pero en realidad no se
han añadido investigaciones importantes y que hayan representado
cambios en este terreno.
Para Frescia, la gran revolución, actualmente,
es comenzar a pensar en métodos que den respuesta, no sólo a aspectos
relacionados con el control de la fertilidad sino también que
sean instrumentos de control de la transmisión de enfermedades
sexuales. Ella opinaba que este era el gran reto que se planteaba
a los investigadores, y que surgía de las demandas de la vida
cotidiana de las mujeres y de los hombres, los/as cuales veían
cómo no se podía aislar un aspecto de otro; una mujer no puede
decidir entre "no quiero tener un hijo pero no importa si contraigo
la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana" o "
quiero evitar el contagio por el virus de la inmunodeficiencia
humana pero no importa si, aunque no quiera, puedo quedar embarazada".
Según Frescia, estas dos decisiones van juntas,
asociadas a un mismo momento, a una misma situación y no pueden
ser divorciadas. Ella pensaba que esta realidad debe estar muy
clara para todos los trabajadores de los servicios que pretendan
dar "servicios humanizados."
Frescia, finalmente apuntó un aspecto polémico,
diciendo que había que unir a las necesidades de las mujeres (mujeres
con "s"), las necesidades de control para los hombres y de exigirles
que retomen el espacio que les corresponde en este proceso.
Hay un movimiento importante en ese sentido, pero
hay escollos incluso para los hombres que, en las mejores circunstancias,
decidan participar en este proceso, en igualdad de condiciones,
por que realmente no tendrán igualdad de condiciones, ya que para
ellos existe un sólo método, que es el condón, por lo cual elementos
tales como la elegibilidad de método no se pueden exigir; el método
definitivo, la vasectomía, puede que para muchos no sea una opción.
Es urgente el desarrollo de tecnologías reproductivas
masculinas, bajo criterios éticos apropiados, criterios que por
otra parte no fueron respetados cuando se desarrollaron y comercializaron
las tecnologías para las mujeres.
Las mujeres no hemos de desear que se utilicen
métodos inadecuados para el desarrollo y la experimentación de
nuevas tecnologías reproductivas en los hombres, tal como sucedió
con la investigación de métodos femeninos, simplemente porque
esto es hacer una defensa de la condición humana.
Referencias
1. Este apartado es un resumen del documento elaborado
al final del encuentro entre científicos y representantes de los
grupos defensores de la salud de las mujeres: organizado por el
Special Programme of Research, Development and Research Training
in Human Reproduction and The International Women's Health Coalition.
Wordl Health Organization, Geneva, 1991.
2. WHO. Women's perspectives on the selection and
introduction of fertility regulation technologies. Report of a
meeting betwen women's health advocates and scientist. Geneva
20-22 February 1991. Report nº: WHO/HRP/ITT/91.
3. Este punto es parte de la trascripción de la
conferencia pronunciada por Frescia Carrasco, miembro del Movimiento
Manuela Ramos de Perú, que participó en el encuentro como representante
de los "Grupos defensores de la salud de las mujeres."
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