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LA URGENTE NECESIDAD DE LOS TALLERES
DE SEXO SEGURO
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Llevo varios años trabajando con Talleres de Sexo
Seguro y valorando, cada vez más, la importancia de este tipo
de actuaciones como una de las maneras fundamentales de luchar
en la prevención del SIDA y de su transmisión por vía sexual.
En 1989 comencé a ensayar en el País Vasco la puesta en marcha
de Talleres de Sexo Seguro como una manera de responder a lo que
por entonces nos estábamos temiendo y que hoy en día, ya en 1999,
está sucediendo: que la transmisión del virus del SIDA a través
de las prácticas sexuales de riesgo se convirtiera en la forma
más preocupante (dentro de pocos años más, en la forma más frecuente)
por la que este virus se está extendiendo en la población.
Y
ya han pasado unos cuantos años desde que comencé a trabajar en
este sentido organizando Talleres de Sexo Seguro, pioneros por
entonces en todo el Estado Español, en la ciudad de Bilbao y en
el marco de la Comisión Ciudadana Anti-SIDA de Bizkaia, y que
luego se fueron extendiendo a otras poblaciones hasta convertirse
en un tipo de actuación cada vez más frecuente, por fortuna, en
el momento actual. Hasta donde yo conozco, las intervenciones
preventivas que se plantean como Talleres de Sexo Seguro, hoy
por hoy, se enmarcan en actuaciones más globales que arrancan
de las Comisiones Ciudadanas Anti-SIDA existentes y de algunos
de los colectivos sociales más castigados o más concienciados
a los que esta epidemia ha afectado de una forma más clara hasta
el momento, fundamentalmente los colectivos Gays y Homosexuales,
dependiendo de las circunstancias de cada ciudad y de la capacidad
organizativa de que se dispone en cada situación particular.
Desde mi punto de vista, todas estas son actuaciones
valiosas e importantes en este momento. Todo lo que se realice
con el objeto de frenar el avance del SIDA en la población es
un esfuerzo necesario, aunque en muchos casos bastantes de estas
intervenciones puedan adolecer de falta de estructuración, de
formación adecuada de los monitores/as a cargo de estos talleres
o de modelos a seguir coherentes e integrados dentro de un planteamiento
preventivo de salud eficaz que realmente incida en las actitudes
personales y posibilite con ello un cambio real en los comportamientos
y conductas sexuales susceptibles de riesgo de transmisión del
VIH, causante del SIDA.
La creación de "Agentes de Salud" debe constituir
el objetivo central de cualquier actuación preventiva en este
campo y, para ello, es necesario articular una estructura de "Taller",
es decir, un trabajo que permita la interacción entre los y las
participantes y el monitor o monitora a cargo del grupo. Y que
facilite llegar a las personas y a lo personal de cada individuo,
a sus actitudes, a sus pensamientos y formas de pensar y a sus
comportamientos para intentar modificar, si fuera necesario, los
aspectos del mismo susceptibles de riesgo.
Y esto no se consigue con una charla aislada, o
enseñando la utilización correcta de un preservativo y la manera
de usar los lubricantes hidrosolubles. Y mucho menos atemorizando
a la gente con los peligros de la enfermedad del SIDA u ofertando
soluciones morales del tipo: "Sea usted monógamo/a y fiel a su
pareja", o "Absténgase usted de mantener relaciones sexuales".
Piensen sólo por un instante cómo puede llegar
a reaccionar un/una adolescente de entre quince y veinte años
ante recomendaciones similares. Lo más probable es que no las
tome en consideración porque se alejan de su propia realidad cotidiana.
Por lo general, carece de una información sexual clara y completa,
tiene difícil el acceso a los métodos anticonceptivos o al preservativo,
que considera caro y difícil de justificar en casa frente a sus
padres si es descubierto/a. Se siente tremendamente inexperto/a
en cuanto a la posibilidad de un encuentro sexual, que desea pero
que teme en muchos casos. Tiene una idea muchas veces limitada
de lo que significa "hacer el amor", limitada a hacer una penetración
como ha visto en las películas. Y si sucede la ocasión sexual,
muchas veces es de imprevisto, no se lo esperaba, no tiene un
preservativo a mano o si lo tiene no tiene claro el cómo utilizarlo,
y no desea parecer un novato/a ó inexperto/a y prefiere seguir
adelante antes que pararlo y perder la oportunidad sexual. Esa
relación sucederá en la clandestinidad, probablemente en un lugar
que no garantiza la comodidad e intimidad necesarias para estar
tranquilo/a y, si además le sumamos a todo esto el miedo a ser
descubiertos, resulta que hay que "hacerlo" de prisa y corriendo.
Al final, si se ha llegado a una penetración, de mala manera,
sin disfrutar y, en muchísimos casos sin protección, sólo queda
una sensación de frustración y miedo a que vuelva a repetirse
de nuevo esa situación de encuentro sexual. Y luego la televisión
nos dice que practiquemos la abstinencia sexual o bien que seamos
fieles a nuestra pareja y que utilicemos el preservativo.
Otro/a
adolescente puede sentirse bien tranquilo/a: el o ella se ha mantenido
siempre fiel a su pareja mientras ha durado la relación. Por tanto
no tiene nada que temer en relación al SIDA. Resulta que, con
veintitrés años, ha tenido seis parejas estables desde los dieciocho
en que se enamoró e "hizo el amor" por primera vez.
Quizás sus seis parejas han tenido otras tantas
experiencias de relación en el mismo tiempo, lo que nos da treinta
y seis personas en torno de los veintitrés años con experiencias
sexuales múltiples y con personas diferentes cada ocho-diez meses
pero, eso sí, siendo fieles hasta el final. Por tanto, sin ningún
miedo a haber "cogido nada" por ahí. Lo dice la televisión.
También la televisión y los medios de comunicación,
así como diferentes instituciones han pretendido, a través de
campañas masivas, lanzar mensajes preventivos con respecto a la
transmisión por vía sexual del VIH - SIDA: "Póntelo - Pónselo",
"Sin preservativo, no jodas!", "En el sexo, utiliza el seso",
"Es divertido, pero no es un juego", "Yo-condón-Tú", etc. son
ejemplos recientes de ello en el Estado Español. La machacona
insistencia en la utilización del preservativo en las relaciones
sexuales ha ido creando una sensación entre la población de que
el condón funciona a la manera de un fetiche protector con respecto
al SIDA. Y eso, al menos para las personas que lo utilizan correctamente
y desde el principio de una penetración, en el caso de que esta
práctica sexual se incluya en su repertorio erótico habitual de
pareja. Y se han dejado de lado otros mensajes preventivos que
tocan directamente los miedos y las dudas más concretos de las
personas y que nunca son respondidos:
"¿Si le chupas el pene
a tu pareja hay riesgo de transmisión del VIH? ¿Para quién habría
riesgo, para quien chupa o para quien es chupado? ¿Y si le besas
en la vulva (coño)? ¿Y en una penetración anal? ¿Quien penetra
lleva riesgo o quien es penetrado/a? ¿Y si introduces un dedo
en la vagina? ¿Y si hay alguna heridita en la boca o en los labios,
qué pasa? ¿Y si tocas el semen o los fluidos
vaginales, qué puede ocurrir?"
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¿INTERESA REALMENTE PARAR EL
SIDA?
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Se ha dicho muchas veces que el SIDA es una enfermedad
social. Y esto, en gran medida, es una realidad cada vez más palpable
a medida que, desgraciadamente, se va extendiendo en mayores proporciones
entre la población. Cualquier persona, trabajador/a de la salud
o desde el campo de la educación lo sabe. Y es una enfermedad
social porque se ha construido como enfermedad, desde el mismo
momento de su aparición, desde la manipulación de determinados
aspectos de esta epidemia con vistas a una manipulación social.
Esto queda desarrollado a través de los siguientes apartados o
niveles a tener en cuenta y que nos van a facilitar su comprensión:
A.- La Tabuización de la Enfermedad
B.- La Construcción y Manipulación de la Enfermedad
C.- La Rentabilización de la Enfermedad.
y D.- La Generalización de la Enfermedad.
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