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¿INTERESA
REALMENTE PARAR EL SIDA? |
Se ha dicho muchas veces que el SIDA es una enfermedad
social. Y esto, en gran medida, es una realidad cada vez más palpable
a medida que, desgraciadamente, se va extendiendo en mayores proporciones
entre la población. Cualquier persona, trabajador/a de la salud
o desde el campo de la educación lo sabe. Y es una enfermedad
social porque se ha construido como enfermedad, desde el mismo
momento de su aparición, desde la manipulación de determinados
aspectos de esta epidemia con vistas a una manipulación social.
Esto queda desarrollado a través de los siguientes apartados o
niveles a tener en cuenta y que nos van a facilitar su comprensión:
A.- La Tabuización de la Enfermedad
B.- La Construcción y Manipulación de la Enfermedad
C.- La Rentabilización de la Enfermedad.
y D.- La Generalización de la Enfermedad.
A.- La Tabuización de la Enfermedad
Hoy
por hoy, el SIDA es una enfermedad mortal. No existen ni vacunas
ni tratamientos eficaces que, o bien eviten la infección ó bien
permitan la curación de una persona seropositiva ó enferma de
SIDA. Por otro lado el SIDA es, o puede ser, una enfermedad de
transmisión sexual que puede transmitirse a través de determinadas
prácticas sexuales entre las personas.
El SIDA toca la enfermedad, toca la muerte y toca
la sexualidad. Enfermedad, muerte y sexualidad. Tres de los más
grandes y potentes tabúes sociales hoy en día. No es de extrañar
que las personas afectadas más directamente por el SIDA hayan
aparecido o se hayan visto ligadas, de una forma u otra, a este
triple estigma social. 6. Todo tabú dificulta la comunicación
clara y objetiva entre las personas. Significa una traba tanto
para la transmisión como para la recepción adecuadas de la información
necesaria, en este caso, para facilitar la prevención, el apoyo
y la mejora de la calidad de vida de las personas más directamente
afectadas.
Todo tabú facilita la aparición de actitudes irracionales
o exageradas, fruto del miedo y del desconocimiento en torno de
las realidades que toca. Es un caldo de cultivo para la discriminación
y el aislamiento de las personas afectadas y, en ultimo lugar,
puede favorecer actitudes y comportamientos de autodiscriminación
y autoaislamiento como reacción defensiva ante la presión y la
agresión del medio. Discriminación y autodiscriminación, las dos
caras terribles de una misma moneda. Y con un mismo denominador
común: el miedo que las fundamenta y que, por definición, tiende
a bloquear cualquier comportamiento adecuado, ya sea preventivo
como cooperativo, tan necesarios hoy en día en la lucha contra
la extensión de esta enfermedad.
Y cuando varios tabúes, como es el caso del SIDA,
coinciden y se entrelazan, pueden establecer un campo resbaloso
de "sombra" en torno de las áreas y aspectos de la vida sobre
los que ejercen su poder. Máxime si existen intereses que alimentan
el tabú y extienden la confusión entre las personas. El SIDA,
inevitablemente, se está convirtiendo (si no se ha convertido
ya) en una realidad mítica y, por tanto, germen y a su vez soporte
de múltiples creencias falsas, tanto en torno de la misma enfermedad
como de todo lo que la está rodeando. Creencias que, aún siendo
clara y evidentemente irracionales, tienden a pervivir en las
personas puesto que están alimentadas por el miedo, fruto a su
vez de la ignorancia y la desinformación. Miedo que bloquea los
mecanismos de la inteligencia y de la comprensión objetiva de
los hechos y de la realidad.
Tenemos
que tener esto muy en cuenta para saber a qué nos estamos enfrentando
en la lucha contra el fenómeno del SIDA, independientemente del
campo desde donde estemos actuando o desarrollando nuestra intervención.
De otra manera corremos el riesgo de malgastar el esfuerzo, el
dinero y la ilusión. Y de no entender nada. El Cuadro 1 reproduce
esquemáticamente el círculo vicioso que se puede establecer en
torno del tabú, basado en la ignorancia y en el miedo que, simultáneamente,
refuerza a ambos estableciéndose una relación de apuntalamiento
mutuo de todo el sistema.
Cuando hablo de "IGNORANCIA" no me estoy refiriendo
en este caso a la falta de información objetiva o de datos suficientes
acerca del fenómeno del SIDA, sino a la dificultad existente que
pueden tener las personas afectadas por este tabú para comprender
e integrar esos datos y esa información de una manera adecuada.
Existe un bloqueo emocional (el miedo) que dificulta que las personas
se comporten y desarrollen actitudes congruentes con la información
que tienen con respecto del SIDA. Lo más sorprendente de todo
esto es que la inmensa mayoría de las personas, hoy en día, poseen
información detallada y extensa acerca del SIDA, de las formas
de transmisión, acerca de cómo prevenirse de esta enfermedad y
a su vez siguen manteniendo actitudes y comportamientos no congruentes
con esa información tan clara que poseen. Siguen manteniendo actitudes
de discriminación absurda o de precaución y rechazo irracionales
hacia las personas más directamente afectadas. Y, lo que es también
muy grave, siguen sin adoptar los cambios necesarios en cuanto
a sus hábitos y comportamientos para prevenir en ellos mismos
la transmisión del VIH. Sólo la información no cambia los comportamientos.
Y la información, con una fuerte base de miedo irracional, puede
producir un efecto completamente contrario al deseable. Darnos
cuenta de esto significa entender que sólo las intervenciones
preventivas que incorporen un trabajo de revisión de las actitudes
de las personas van a aportar resultados significativos en este
campo.
Sólo la información no es suficiente para cambiar
los comportamientos de las personas.
Que el SIDA se ha establecido en un campo tabú
significa que se ha construido socialmente desde factores de emocionalidad
(las más de las veces manipulada), más que desde el conocimiento,
la información objetiva y la serenidad. Y en esto tienen mucho
que ver quienes controlan los medios de comunicación de masas
así como el tratamiento informativo tan inadecuado que se le ha
dado a esta epidemia, en general, hasta hoy.
En otras palabras y traduciéndolo a nuestra realidad
social, podemos constatar que se ha construido el SIDA, como enfermedad
social, promocionando el miedo. Miedo que se concreta en los colectivos
de personas que fueron, primeramente y en mayor medida, afectadas.
Por tanto, las actitudes de rechazo más fuertes han hecho y harán
blanco sobre estas personas, así como en otras que conforman sus
círculos más cercanos. Es el caso de las parejas o de los familiares
de alguien seropositivo ó enfermo de SIDA.
De otra manera serían imposibles de comprender
una serie de hechos sucedidos en nuestra sociedad a raiz de la
extensión del SIDA en la población. Voy a mencionar dos ejemplos
breves pero muy clarificadores al respecto:
- Un colegio de EGB, en Vizcaya, donde padres
y madres montan en pánico al descubrir que existe una alumna
de 8 años, hija de padres VIH+. Sin saber siquiera si la niña
es también VIH+ (hecho que tampoco justificaría su discriminación),
convocan una asamblea en el centro con la intención de aprobar
la expulsión de esta niña. Estos padres y madres, asustados,
tienen la información básica referente al SIDA y saben que no
hay riesgo de 8. transmisión del VIH en la convivencia escolar
o cotidiana. Conocen los mecanismos de transmición del virus
causante del SIDA, pero se comportan completamente al margen
de esta información. ¿Por qué? Son víctimas del pánico y la
irracionalidad guía su comportamiento. Sólo la presencia, en
última instancia, de un responsable del área de salud, que amenaza
con la retirada de una subvención al centro, hace entrar en
razón a la Asociación de Padres. De todas formas, algunos piensan
en cambiar a sus hijos a otro centro. Increible ¿Verdad?
- Datos aportados por la Comunidad Gay en el Pais
Vasco parecen confirmar que bastantes de las personas afectadas
por esta enfermedad "desaparecen" misteriosamente de los círculo
sociales en los que habitualmente se mueven. Se trasladan a
otras ciudades para evitar ser reconocidos e identificados como
"sidosos", por utilizar el término peyorativo con el que evitan
ser castigados socialmente. Evitan su posible discriminación,
incluso dentro del propio colectivo gay. Esta es otra de las
caras de la discriminación que se sufre a causa de la construcción
social del SIDA sobre el miedo. El tabú sigue haciendo estragos.
B. La construcción de la Enfermedad.
Desde la aparición de los primeros casos de SIDA
y superado el desconcierto inicial, lógico en una enfermedad nueva
y de este tipo, se ha dado de forma muy lenta una evolución en
cuanto al "etiquetado"social, tanto de las personas como de los
colectivos más afectados. Se ha dado un proceso de "envasado y
etiquetado" de la enfermedad, filtrando la información y transmitiendola
de manera que hiciera pensar que se trataba de algo aislado en
determinados grupos sociales. Coincide que se trata de grupos
sociales discriminados y, por lo tanto, más vulnerables tanto
a la epidemia como al tratamiento discriminativo de la información
que sobre ellos se arrojó y se sigue arrojando incluso hoy en
día.
Así se pasó del etiquetado número uno del "cáncer
gay", al famoso etiquetado número dos "los de las tres H" (homosexuales,
hemofílicos y haitianos). En el Estado Español, que no sabíamos
ubicar fácilmente a Haití, la tercera H fue substituida rápidamente
por la de los heroinómanos y heroinómanas.
Se comienzan a escuchar cosas del tipo: "las víctimas
inocentes del SIDA", en clara referencia a hemofílicos/as y personas
infectadas por transfusiones sanguíneas. Y, sin necesidad de señalar
con el dedo, esta manera de tratar la información, por omisión,
sugiere que el resto de personas afectadas serán "víctimas culpables
del SIDA". Por tanto, se lo tienen merecido (¿?).
Por fin se da paso al etiquetado número tres, que
hace ahora referencia a los famosos "Grupos de Riesgo", y que
substituye a la clasificación previa en "aches". Con los "Grupos
de Riesgo" se amplian los colectivos castigados socialmente con
este estigma y se empieza a hablar de presos, prostutas/os y "promiscuos
sexuales" que viene a definirse como quien no es heterosexual,
casto y monógamo todo junto. El concepto de "Grupo de Riesgo",
correcto desde un punto de vista epidemiológico, no es explicado
a la población, que entiende que una persona que no pertenezca
a estos grupos no tiene riesgo de ser infectada.
Nada más lejos de la realidad. De momento quien
ha demostrado, aunque trágicamente, que no es discriminatorio,
ni es racista, ni es moralista, ni es sexista ni es homófobo es
el Virus de Inmuno-Deficiencia Humana.
Llegamos ya recién en estos últimos años a hablar,
por fin y de forma correcta a mi entender, de "las prácticas de
riesgo", en alusión clara a que cualquier persona, independientemente
de su sexo, orientación del deseo y forma de vida, siempre que
mantenga relaciones sexuales con otra u otras personas, puede
verse en riesgo de que se le transmita o de transmitir el VIH
siempre y cuando no tome unas precauciones sencillas con respecto
a algunas prácticas sexuales que pueda realizar. Así de sencillo
y lo que nos ha costado comenzar a entender la prevención desde
este punto de vista, el único realmente antidiscriminatorio y
eficaz en la prevención.
C.- LA RENTABILIZACIÓN DE LA ENFERMEDAD
Sin
pretender extenderme mucho en este punto, si quiero reflexionar
acerca de a quién ha beneficiado este tratamiento tan inadecuado
y tendencioso de la información y que he pretendido reflejar en
el apartado anterior.
A
nivel político se ha justificado un mayor control de la población,
dentro y fuera de los países, con cierres de fronteras y casos
de denegación de entrada a personas VIH+. En algunos países del
mundo se ha llegado al extremo de imponer a grupos de población
y de forma obligatoria la prueba de seropositividad para su posterior
control e incluso encarcelamiento. Así como, en general, se puede
constatar que los colectivos sociales tradicionalmente marginados
han sido sometidos a una marginación todavía mayor, con la excusa
de pretender evitar la propagación de la enfermedad.
A
un nivel más ideológico se ha constatado la manipulación de la
información por Grupos sociales de Poder a los que podemos calificar
como "conservadores" cuando no como "reaccionarios" para, bajo
el estandarte del miedo, hacer apología de la pareja monógama,
de la represión sexual y de la negación de las libertades individuales.
Se ha intentado estigmatizar, en definitiva a los "no heterosexuales"
y a los "no monógamos o castos".
D.- LA GENERALIZACIÓN DE LA ENFERMEDAD
Todo esto que estamos viendo nos está llevando
a comenzar a sentir los costes sociales de la manipulación a la
que se ha sometido a la enfermedad del SIDA, así como a las personas
más directamente afectadas por ella.
El "Efecto boomerang" se está haciendo sentir ya
en el Estado Español y estadísticas recientes parecen mostrar
que, de seguir la extensión del SIDA a este ritmo entre lo que
se conoce como "población general", fundamentalmente personas
jóvenes de ambos sexos y heterosexuales, será éste el nuevo colectivo
más castigado por el SIDA dentro de unos cinco años.
Esta "población general" se encuentra despistada,
desorientada y manipulada. Cuando no desde el miedo, lo es desde
las informaciones a medias, tanto más peligrosas en cuanto muestran
sólo una parte de la realidad y ocultan otras, las más de las
veces y en el mejor de los casos, por miopía profesional por parte
de quienes diseñan las campañas de prevención, cuando no por intereses
de tipo moral que no se manifiestan explícitamente.
El efecto inmediato de todo esto es que se disparan
las cifras de personas afectadas y se comienza a tener la sensación
de que lo que se hace no sirve para mucho. Con cierta frecuencia
me suelen preguntar profesionales de la salud y de la educación:
"¿Por qué crees tú que los jóvenes, con toda la información que
tienen y tantas campañas que hay, siguen manteniendo relaciones
sexuales con riesgo a infectarse del SIDA?. Mi respuesta es clara
en este sentido. Mientras no se hable claro y no se dé una información
sexual completa; mientras no se establezcan programas preventivos
que incluyan experiencias grupales tipo "Talleres" donde realmente
se incida en las actitudes y en el nivel emocional-motivacional
de la gente joven, éste se convertirá en el siguiente colectivo
ampliamente afectado, puesto que los y las adolescentes y los
y las jóvenes forman, hoy por hoy, el grupo de población más desprotegido
dentro del colectivo más amplio de la población heterosexual.
Reconsiderando lo anterior:
- La información sola no cambia los hábitos
- Las campañas que aluden al miedo o a la represión
no son eficaces
- Hay que prevenir desde la incidencia en las
Actitudes Personales
- Esto implica un trabajo con grupos reducidos
de personas tipo "Talleres de Sexo Seguro"
- Este es el camino que se ha demostrado válido
y eficaz para frenar el avance del SIDA en los colectivos sociales
donde ha sido aplicado
Enlaces
sobre SIDA
(Gentileza de la Coordinadora Gay-lesbiana,
a quienes agradecemos su colaboración )
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