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Sueños Eróticos

Autora: Eva Ravassa. Psicóloga y Sexóloga


Sueños eróticos contados por hombres

Era la época del medievo y me habían mandado llamar para luchar contra un dragón en una aldea lejana. Cogía mi caballo y me encaminé hacia allí, con tan mala suerte que me perdí.

Ya estaba anocheciendo, y no sabía dónde pasaría la noche. Estaba asustado, porque me encontraba en tierra extraña y no sabía con qué peligros podría encontrarme, cuando vi a lo lejos un castillo y me dirigí hacia él.

Llamé a la puerta y me salió un sirviente muy serio, que me hizo pasar a un salón para hablar con el amo.

Me atendieron muy bien, con mucha hospitalidad, y me ofrecieron una de las mejores habitaciones del castillo.

Estaba a punto de meterme en la cama cuando sonó la puerta, y entró una de las sirvientas del castillo mandada por su amo. Se metió en mi cama sin decir ni una palabra, y empezó a tocarme y acariciarme todo el cuerpo, supongo que sería costumbre, como gesto hospitalario.

Me quitó el camisón y se puso encima de mi, moviéndose arriba y abajo muy despacio, pero se notaba experimentada. Cuando terminó, es decir, cuando llegué al orgasmo, se fue, sin decir nada, tampoco.

Me levanté de madrugada y me fui, sin más.


Trabajo en la hostelería, y por eso hay veces que llegó a casa a las tantas de la mañana. Mi sueño es el siguiente.

Era de madrugada y volvía a mi casa. Estaba hecho polvo, había trabajado mucho y tenía gana de meterme en la cama.

De repente empezó a llover a cántaros y no había ningún taxi libre. Me estaba empapando, y sólo se me ocurrió meterme en una cabina de teléfonos para protegerme de la lluvia.

Luego vi a una mujer corriendo, muy mojada, y le hice un hueco en la cabina. Empezó a contarme su vida, era administrativo o algo así, y venía de una fiesta y lo había pasado muy mal.

Teníamos frío y estábamos mojados, así que nos abrazamos para darnos calor cuerpo a cuerpo.

Yo no quería, pero se me puso dura y ella se dio cuenta. Me metió la mano en los pantalones y me hizo una paja.


Soñé que tenía que formar un ejército para luchar contra otro. Había como una tarima, como las de las luchas de karate o judo. Yo tenía que luchar contra todo el mundo y elegir con quiénes me quedaba para mi ejército.

Eran personajes del manga, de tebeos que a mi me gusta leer. Las chicas estaban cañón, y cada vez que luchaba contra una de ellas y ganaba, me la tiraba allí mismo, delante de todo el mundo.


Hace mucho tiempo de este sueño. Bueno, primero te cuento una historia, para que puedas entender mejor en sueño. Resulta que mi vecina era también mi profesora. Estaba muy buena y tenía un marido que siempre estaba de viaje. Yo me acuerdo de ver entrar y salir de su casa a muchos hombres cuando el marido no estaba, y toda la gente de la escuela sabía que le gustaba mucho el triquitraque con maridos ajenos.

Mis padres se llevaban muy bien con ella, teníamos confianza, así que muchas veces me mandaban a pedirle algo que mi madre se había olvidado de comprar.

Mi sueño fue que era yo pequeño y mi madre me dijo que bajara a su casa a por algo que nos faltaba, no me acuerdo, hace ya mucho. Cuando bajé llamé a la puerta, pero no me abrían, y como estaba abierta entré.

Estaba en el sofá con otro de mis vecinos. Estaban desnudos y él le tocaba sus partes y la besaba en la boca. Yo era muy pequeño, tendría diez años o por ahí, pero no se me olvidará nunca.


Yo era Indiana Jones. Estaba dentro de una cueva donde nos habíamos quedado encerrados la chica y yo.

Ya habíamos probado todas las posibles maneras de salir de allí, pero ninguna de ellas tenía salida. Había muchos bichos, como en la película.

Entonces la tía se me echó encima y me metió mano, y uno no es de piedra, yo también le metí mano a ella.

Me la tiré (o ella se me tiró, no sé cómo decirlo) de pie dentro de la cueva. Ya no sé si logramos salir o no de allí.


Fui a una fiesta de cumpleaños. No tenía ganas, pero fui. Al principio estaba muy aburrido y no hacía nada más que dar vueltas. Luego me encontré con la mujer de un tío que trabaja conmigo. Él no había venido porque tenía guardia, así que me puse a hablar con ella.

Empezamos a beber y seguimos bebiendo. Fui a acompañarla a su casa y me dijo que subiera. No sabía qué hacer, era la mujer de mi amigo, pero estaba muy buena y yo tenía ganas, así que al final subí.

No llegamos a su casa. En el ascensor me bajó el pantalón y me la chupó. Estuvimos subiendo y bajando en el ascensor hasta que me corrí. Cuando llegamos a su casa nos tumbamos en su cama, donde se acostaba con su marido, y a mí me daba mucho morbo. Nos desnudamos, ella llevaba un liguero. Se la metí por detrás.


Me acosté con una de esas negritas que venden pulseras y bolsos. De esas que son muy gordas y con los trajes esos anchos y estampados, con un pañuelo enrollado en la cabeza. No me acuerdo cómo fue ni dónde. Sólo que estaba muy pero que muy gorda. Me levanté por la mañana mojado entero.


Soñé que era un astronauta y tenía que ir a Marte en busca de vida extraterrestre. Ibamos tres personas y yo era el único hombre.

Salimos de la atmósfera y empezamos a no tener gravedad. Ibamos flotando en la nave. Empezamos a hablar de sexo, y de cómo sería hacerlo sin gravedad, y una de las tías propuso probarlo.

Decidimos ver qué se sentía y nos quedamos todos en pelota picada. Yo solo con tres tías y todas para mí. Estuvo muy bien. Me lo hice con las tres. Mientras me tiraba a una la otra me acariciaba y la tercera se lo comía a una de las otras. Después cambiamos, pero las tres pasaron por mis manos.


Yo era un boy que iba a las despedidas de soltera. Me gustaba mi trabajo y me excitaba con él. Eso sí, iba con la cara tapada, no quería que nadie me reconociera.

Me gustaba desnudarme en público, me daba morbo. Una de las veces me fui a la cama con la novia de la despedida de soltero. No me destapé la cara y ella no supo que yo era el hermano de su novio, es decir, su futuro cuñado.


Iba a esquiar a Sierra Nevada. Tenía una monitora para mí solo. Tenía muchas ganas de aprender a esquiar, y quería ir con mi novia, pero ella no pudo ir en el último momento, así que me fui yo solito.

Empezó por mostrarme cómo mantenerme sobre los esquís y todas las técnicas y luego pasamos a la acción, a la montaña.

Nos tiramos montaña abajo y me estampé contra un árbol. Empezó a caer nieve, ella me dijo que había provocado un alud, así que tuve que levantarme rápidamente y salimos de allí a toda velocidad para que no nos pillara la avalancha.

Llegamos al hotel exhaustos, pero vivos. Subimos a mi habitación y ella fue a darse una ducha caliente. Yo no pude contenerme y me desnudé y me metí en la ducha.

Empecé a besarla y a tocarla y ella me correspondía. Así, mojados hicimos el amor.


Anexo II: Sueños eróticos de mujeres

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