Sueños
Eróticos
Autora:
Eva Ravassa. Psicóloga y Sexóloga
Sueños
eróticos contados por mujeres
Yo iba caminando por la calle y vi una obra, estaban
construyendo un edificio o algo así. Todo estaba lleno
de obreros llenos de yeso y polvo. Todos llevaban casco.
Seguí andando por la calle y pasé
al lado de la obra. Los hombres empezaron a decirme piropos y
a silbarme y a mi me gustaba.
No me acuerdo de muchas cosas, así que no
sé cómo me encontré dentro de la obra. Estaban
poniendo los cimientos y había un agujero bastante profundo.
Los obreros eran muy morenos de piel, será
por el sol, no lo sé. Todos menos uno que era muy blanquito
y muy rubio. También llevaba puesto el casco. Me acerqué
a él. Estaba en uno de los hoyos de los cimientos. No sé
por qué, de pronto empecé a darles besos y acabamos
enrollándonos en el agujero. Nos desnudamos y lo hicimos
allí mismo, llenos de polvo y tierra, y de escombros y
alambres.
He soñado lo mismo muchas veces.
Había
quedado con una amiga para ir a un concierto. No sabía
qué ponerme y estuve dando vueltas hasta que lo decidí,
me puse unos pantalones ceñidos y una camiseta pegada y
con mucho escote. Iba muy provocativa, por lo que pudiera pasar.
Cogimos la moto y nos plantamos allí, sin
entrada ni nada, a la aventura. Creía que nos íbamos
a colar, pero no lo conseguimos y vino la policía, avisada
por el guardia jurado. Nos llevaron a una habitación y
nos separaron a las dos. Yo no sé lo que pasó en
la otra habitación, pero en la mía entró
un policía cachas, estaba como un queso, con uniforme y
todo.
Se puso a cachearme y yo estaba cada vez más
excitada, y me corrí allí mismo, sin que me desnudara
ni me tocara nada.
? Estaba en el gimnasio, sudorosa después
de hacer ejercicio. Iba hacia el vestuario a ducharme y cambiarme
y en la escalera me crucé con tío más canijo
que he visto nunca. Era chiquitillo y muy delgado, con el pelo
rapado, y llevaba un pantalón corto encima de unos calentadores.
Me acuerdo perfectamente. Además, llevaba una camiseta
negra de tirantas, un tatuaje de un delfín (o algo así)
en el hombro y unas botas de esas negras de deporte, de las que
llevan los calorros. Se me quedó mirando al cruzarnos en
la escalera y yo me quedé mirándole a él
y se le enganchó la pulsera de oro en mi toalla.
Me pidió perdón, pero la pulsera
no se soltaba. Al pegarle un tirón a la toalla, la pulsera
se rompió y salió volando.
El tío se me quedó mirando, pero
no enfadado, y empezó a sonreír y yo me lancé
en sus brazos. Lo hicimos en la escalera del gimnasio, en los
vestuarios, en la sala de musculación, él encima,
yo encima, de pie... como en las películas. Resultó
ser un amante estupendo.
Esa persona existe, y va a mi mismo gimnasio, pero
nunca me había fijado en él, y me sorprende haber
soñado con él, y mucho más en esas circunstancias.
No sé, ¿crees que debería...? Es una broma.
Trabajaba
como posadera en una tasca de mala muerte, llena de borrachos
que me metían mano sin ningún disimulo. Era la tradición,
podían tocarme lo que quisieran mientras no estuviera casada.
Me casaría con el que más placer proporcionara y,
mientras tanto, podía hacer lo que quisiera con ellos.
Me enrollé
con el novio de mi mejor amiga mientras ella estaba en la habitación
de al lado sin enterarse de nada.
Iba por el pasillo, hacia la cocina, cuando me
agarraron de los brazos y me metieron en la habitación.
Era él, el novio de mi amiga. Empezó a besarme como
un animal y me arrancó la ropa. Tuvimos que controlarnos
un poco para no hacer ruido, porque ella estaba en la otra habitación,
pared con pared. Pero no escuchó nada, no nos oyó.
Fue hace
mucho tiempo, pero no se me ha olvidado. Me habían contratado
para trabajar como mecánico en un taller. Me gustaba estar
llena de grasa y me ponía el mono del uniforme dejando
que colgara la parte de arriba. Llevaba las tetas al aire, y me
excitaba que los hombres que iban al taller me miraran, se me
comían con los ojos. No pasaba nada más, pero me
desperté muy excitada.
Con mi profesor
de Matemáticas, en el instituto, encima de mi mesa.
Nunca había pensado en él de esa
manera hasta que soñé aquello, y desde entonces
no dejo de pensar en él, aunque hace ya años del
sueño. Fue muy bonito.
Se acercó a mi, intentando que comprendiera
un ejercicio que se me había atascado, y yo le besé
en los labios. Al principio se quedó un poco sorprendido,
pero luego me devolvió el beso y empezó a acariciarme
muy despacio y con mucha ternura. Nos desnudamos y nos tumbamos
sobre la mesa.
Ibamos toda
familia en un crucero, y nos esperaban unas vacaciones fabulosas.
Era como el barco de Vacaciones en el Mar o algo
parecido, todo el mundo muy elegante, y muchas caras guapas. Pero
a mi me llamó la atención un hombre en especial.
Estaba al fondo del comedor, con un uniforme blanco
que indicaba que era de la tripulación. Siempre me han
gustado los hombres con uniforme, cómo iba a ser distinto
en un sueño.
Él también se fijó en mí,
y estuvimos toda la cena intercambiando miradas.
Después vino a sentarse con mi familia a
tomar una copa. Era el capitán y nos daba la bienvenida.
Se sentó a mi lado y empezó a acariciarme
las piernas por debajo de la mesa. Poco a poco iba subiendo la
mano, hasta que llegó a las ingles, donde se entretuvo
un rato. Yo no podía evitar suspirar de vez en cuando,
y mi madre pensaba que me estaba aburriendo con la conversación.
El capitán siguió acariciándome
hasta que me llevó al orgasmo, allí, delante de
mis padres y mis hermanos. Fue increíble.
Pues resulta
que veníamos mi novio y yo en el coche, de un viaje largo,
y paramos a echar gasolina.
Yo me estaba haciendo pipí y bajé
del coche para ir a los servicios.
El gasolinero se estaba lavando las manos, y se
disculpó por estar en el lavabo de señoras, pero
el de caballeros estaba estropeado. Le dije que no importaba.
Cuando terminé de orinar, el gasolinero
seguía allí, mirándome. Me cogió por
detrás y empezó a besarme en el cuello. Me desabrochó
la camisa y me acarició los pechos. Después me sentó
en el lavabo, se desabrochó el pantalón e hicimos
el amor allí, de pie en los servicios de la gasolinera.
Después salió a cobrar a mi novio,
como si nada. Me subí al coche y nos fuimos a casa.
Ibamos de
viaje mi novio y yo y estábamos teniendo una pelea muy
gorda, no sé por qué. Estábamos en el aeropuerto
y cuando vine a darme cuenta, había desaparecido. Pensé
que me había dejado tirada y me cogí un rebote,
pero, toda digna yo, pensé que era autosuficiente y que
podía hacer lo que quisiera durante ese viaje.
No sabía cuál era mi maleta, porque
había muchísimas, pero vi a alguien haciéndome
señas desde dentro, desde donde salen las maletas, y me
di cuenta de que era él, mi novio. Intrigada, entré
allí. Hicimos el amor entre todas las bolsas de deportes,
paquetes, en fin, estuvo bien.
Anexo
II: Sueños eróticos de hombres
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