Hemeroteca de Sexología

 

Los padres son hombres

 

JOSÉ CARLOS ROSALES
IDEAL, MARZO-2003

Parece que ha nacido en Granada una nueva asociación, la Asociación Pro Derechos de los Hijos de Separados , fundada por nueve padres granadinos. Sus objetivos, según he leído en un periódico, es luchar para que se otorgue la custodia compartida entre el padre y la madre desde el momento en el que se produce la separación o el divorcio. Algo muy sencillo, elemental. Pero una tarea imposible en una coyuntura donde la imagen masculina -con todas sus luces y sus sombras- está bastante erosionada, mal planteada, no está de moda. Lo viril no goza en esta época de ninguna clase de prestigio. Arrinconado en sus manifestaciones más folclóricas como los estadios de fútbol o los gimnasios de artes marciales, el mundo de lo masculino tiene que capear toneladas de mala prensa y todas las zancadillas que una gigantesca constelación de instituciones femeninas no se cansa de poner en el camino que muchos hombres emprendieron hace décadas para, sin renunciar a lo más valioso de su tradición de género (masculino), esbozar una nueva identidad, construir otro espacio simbólico y social en el que no sea obligatorio pedir perdón por haber nacido hombre.

Los hombres no son sólo padres, también son novios, maridos, trabajadores, pescadores, guardias civiles, mineros, transeúntes, personas. Y, como personas, los hombres -personas de género masculino- hemos visto en los últimos tiempos cómo se reducían drásticamente nuestros niveles de credibilidad y la protección jurídica de nuestros derechos: todos los hombre nos hemos convertido en presuntos acosadores, posibles violadores, pederastas potenciales. Además, la impermeabilidad -y el oportunismo- de los foros políticos a la hora de afrontar con seriedad y rigor las cuestiones referidas a la identidad sexual o de género, hacen muy difícil la elaboración de un discurso masculino coherente y radical; un discurso que, naturalmente, incluyera también un catálogo de reclamaciones urgentes. Y una de ellas -no la principal- sería la de recordarle a la sociedad que los niños necesitan un padre, que la sociedad necesita padres. Y cuando digo padres no estoy pensando ni en el padre de Kafka ni en los padres tronantes de la Biblia. Pero la condición de padre -o padre divorciado- no es la única circunstancia asimétrica que tienen que soportar algunos hombres. Éste es sólo un aspecto parcial del problema. Tal vez uno de los más dolorosos y destructivos, pero no el más decisivo. Sin una sensata y libre reflexión previa sobre la memoria social de lo viril, sin el sincero propósito de una desapasionada recuperación del legado histórico del género masculino, cualquier intento de reforma de los marcos jurídicos o políticos no será viable.

Me comenta un amigo que la confrontación de género en España le recuerda el conflicto vasco: los sexistas de uno y otro signo -ya sean callejeros o institucionales- impiden que los que honestamente defienden y practican la igualdad de género no logren ninguna clase de influencia política o ideológica. Iluminados por el sueño terrible de que el otro no exista, o de que se resigne a ser un ciudadano de segunda, ciertos fundamentalismos siembran un laberinto de mentiras. Ya está bien. O basta ya.