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Una
investigación realizada por dos profesoras de la Universidad
de Granada ha concluido que, en contra de lo que sostenían
otros estudios sobre la materia, las mujeres embarazadas no experimentan
una disminución de su deseo sexual. Incluso, afirman las
autoras, «la satisfacción sexual plena de la mujer
correlaciona con el sentimiento de felicidad por estar en periodo
de gestación» y, en muchos casos, las mujeres «se
sienten más atractivas al final del embarazo que antes del
mismo».
María Paz Bermúdez,
profesora de Psicología Evolutiva, y Ana Isabel Sánchez,
miembro del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento
Psicológico, estudiaron a 39 mujeres en estado, de entre
17 y 40 años, todas ellas pacientes de la consulta de Obstetricia
y Ginecología de un hospital gaditano del Servicio Andaluz
de Salud. De ellas, 8 estaban embarazadas de hasta tres meses, 18
de entre tres y seis meses y 13, en el último tercio de la
gestación.
Inhibición
Las pacientes respondieron a una
serie de cuestionarios con el fin de analizar sus alteraciones emocionales
y sus cambios de actitud frente al sexo. El resultado, según
las investigadoras, fue concluyente: «No se puede hablar de
una inhibición del deseo sexual durante el estado de gestación».
Es decir, según estas profesoras, las futuras madres tienen
las mismas ganas de hacer el amor que antes de quedar preñadas.
En la investigación se señala
que el deseo sexual disminuye ligeramente entre las mujeres embarazadas
de seis a nueve meses. Pero ni siquiera en esos casos su perfil
se ajusta a lo que los psicólogos califican como deseo sexual
inhibido.
María Paz Bermúdez
definió este trastorno como «la disminución
o ausencia de fantasías o deseos de actividad sexual de forma
persistente o recurrente». Entre sus consecuencias para el
individuo que lo padece, la psicóloga resaltó «un
malestar acusado o dificultades de relación interpersonal».
Sexo oral
Las investigadoras señalaron
que durante el embarazo se producen «cambios en las prácticas
sexuales» derivados, por un lado, de las transformaciones
físicas que conlleva la gravidez y, por otro, de las alteraciones
de los niveles hormonales. Otros estudios científicos, apuntaron,
han detectado que hay «un declive progresivo en la realización
del coito», pero eso «no significa que no se lleven
a cabo otras prácticas sexuales», como el sexo oral
y la masturbación.
El trabajo de Bermúdez y Sánchez
destaca que el embarazo es una etapa «muy especial para la
mujer», durante la cual es frecuente que aparezcan ansiedad,
depresión e inestabilidad emocional; pese a ello, subrayaron,
es muy habitual que las futuras mamás no reciban ningún
tratamiento apropiado. «Se han utilizado entre otros -señalan-
los fármacos antidepresivos, aunque ninguno parece ser seguro
para el desarrollo del feto».
Las psicólogas no detectaron
una disminución del deseo sexual a medida que avanza el periodo
de gestación, pero sí que encontraron diferencias
en la situación anímica de las participantes. «Las
mujeres que se encuentran entre el tercer y el sexto mes de gestación
presentan mayores niveles de depresión y ansiedad que el
resto de mujeres gestantes», apuntó Bermúdez,
quien lo atribuyó a que los cambios físicos inherentes
al embarazo aparecen sobre todo durante ese segundo trimestre. La
inestabilidad emocional se reduce en el último trimestre
de la gestación porque la mujer está más habituada
a su estado. |