| El
sexo está presente en en todas partes, pero casi nunca en
la escuela. Circula libremente, pero con "escaso" carácter
formativo. Se aprende en la calle y, sin embargo, los alumnos reclaman
más información sobre sexo en los colegios. La mayoría
de los centros educativos tienen buenas intenciones, pero están
desorientados sobre cómo hacerlo y, mientras tanto, solventan
la situación "parcheándola" y supliéndola
con "pildoritas informativas" a modo de charlas sobre,
por ejemplo, "métodos anticonceptivos", repiten
numerosos expertos.
Educar en la sexualidad requiere
una tarea mucho más amplia. A pesar de que cada vez hay más
teléfonos de información sexual para jóvenes
y es más fácil el acceso a los preservativos, casi
un 20% de jóvenes entre 15 y 24 años opina que la
calidad de la información que recibe sobre sexualidad es
insuficiente o deficiente, según la encuesta Schering sobre
Sexualidad y anticoncepción en la juventud española
de 2002, realizada entre 1.826 personas. Es más, un 74% de
los chicos considera que lo más conveniente sería
recibir esa información en el colegio.
La Ley Orgánica de Ordenación
General del Sistema Educativo (LOGSE), de 1990, lo fijó así
y señaló que la educación sexual debía
ser una asignatura transversal, como lo es la educación vial,
para la paz o ambiental. Es decir, tendría que impartirse
a lo largo de todos los ciclos en las diferentes asignaturas del
currículo. La ley señaló unas orientaciones
sobre contenidos de anatomía, fisiología, enfermedades
de transmisión sexual o hábitos de higiene que los
centros deberían de enseñar. Pero en realidad son
contados los colegios e institutos que lo han puesto en práctica.
Sigue siendo un tema tabú.
Una educación sexual supondría,
según los especialistas, abordar todo lo que tiene que ver
con el ser humano: roles sexuales, identidad y orientación
sexual, fisiología, conducta sexual, métodos anticonceptivos,
enfermedades de transmisión sexual, los diferentes tipos
de sexualidad, pero también la afectividad y las emociones
que entronquen con la sexualidad. "A los adolescentes hay que
enseñarles sentimientos, a saber decir que no, a saber tomar
decisiones de manera libre e inteligente, pero también a
conocer su anatomía y fisiología", señala
el secretario general de la Federación Española de
Sociedades de Sexología, Miguel Ángel Cueto.
En otros países, como Holanda,
ya ocurre esto: las escuelas no se limitan a enseñar las
funciones biológicas y los órganos genitales. A los
alumnos se les instruye para saber decir no si no quieren aceptar
algo y tácticas de negociación entre ellos, según
la Federación Internacional de Planificación Familiar.
En España, en cambio, los
colegios están lejos de ser la fuente principal que suministra
información sexual. Así, sólo el 23% de los
jóvenes afirma que la obtiene por esta vía. Mientras,
el 75% señala que la recibe de los medios de comunicación,
y el 65% de los amigos. "Y los amigos suelen ser una mala vía,
pues saben también muy poco.Así se perpetúa
el mal saber, el mito y la mentira", señala la sexóloga
del centro joven de anticoncepción y sexualidad de Madrid
Paloma Rivero.
El problema estriba, según
docentes y especialistas en sexología, en que a los profesores
de Lengua y Literatura o Historia no les han preparado para hablar
de sexo a sus alumnos en sus clases. "Están desorientados.
No es que no quieran, es que no saben cómo abordar el tema",
explica el sexólogo y experto en educación sexual
Carlos de la Cruz. "Y en algunos casos todavía perviven
los prejuicios religiosos y morales para hablar de algunos temas
como la homosexualidad o el sida", añade la experta
en educación de UGT, Carmen Ferrero.
Por unas razones o por otras, es
una opinión generalizada que la educación sexual es
una asignatura pendiente en la escuela. "Por más limosna
que se dé no se sale de la miseria. Enseñar cuatro
cosas a los alumnos no es suficiente. A veces se ventila con un
folleto. Y no se puede reducir la educación sexual a 'esto
es correcto y esto no lo es", señala el director de
los estudios de posgrado de Sexología de la Universidad de
Alcalá de Henares, Efigenio Amezúa. Este sexólogo
apuesta por "una asignatura de educación sexual, no
troncal, para cada ciclo educativo, que aborde contenidos y conceptos
que ayuden a comprender la realidad y que eviten tabúes,
fanatismos e ideologías reaccionarias".
En lugar de no impartir esta asignatura
de forma explícita y organizada, lo que sí hacen muchos
colegios e institutos es ofrecer talleres, planes o cursos externos
impartidos por ONG, asociaciones y centros privados. En otros casos
se limitan a explicar el cuerpo humano o el aparato reproductor
en clase de Ciencias de la Naturaleza o Biología.
Pero los expertos señalan
que así "no se cambian ciertas actitudes", si no
se trabaja durante muchos años.
Nadie pone en duda a estas alturas
las ventajas de una buena educación sexual. "Mucha gente
dejaría de sufrir por tener algún tipo de duda sobre
su sexualidad. Se podría evitar la discriminación
de género, aceptaríamos todo tipo de métodos
sexuales, libremente elegidos, y se toleraría mejor a otras
personas aunque tuviesen una orientación sexual distinta",
señala Cueto.
Y Ferrero subraya: "La educación
sexual es definitiva en la formación de la personalidad.
Y si no se aborda bien pueden surgir problemas en el futuro, como
que una persona no se sienta a gusto con su sexualidad, tenga miedos,
prejuicios, represión, incluso problemas graves de salud".
Y, por eso, al igual que la familia, los colegios deben implicarse
en este tipo de educación. Como señala Cruz, "el
papel de la escuela sería hacer los cajones donde ordenar
los aprendizajes adquiridos. Los alumnos tienen ahora mucha información,
pero está desordenada. Todavía no discriminan lo que
es importante de lo que es anecdótico". |