Hemeroteca de Sexología

 

Dar y recibir

 

Shere Hite
El País Semanal, 5 de Octubre de 2.003.

¿Cómo se puede incluir el orgasmo femenino en un nuevo tipo de relación sexual sin que haya una discusión que haga pensar al hombre que no es lo bastante bueno? ¿Y cómo pueden hacer las mujeres que su orgasmo sea importante y parte integrante de la relación sin interrumpir el bello contacto entre dos personas?

Hoy día, algunas mujeres se sienten solas cuando tienen un orgasmo provocado por ellas mismas mientras practican sexo con un hombre.

Una lectora escribe una carta que expresa esa situación y muestra que algunas mujeres están intentando descubrir una forma nueva de mantener una relación sexual con los hombres: "Soy una chica de 18 años. Con mi pareja... sólo he mantenido dos relaciones sexuales completas. La primera, dentro de las circunstancias en las que se dio, fue bien, eyaculación precoz, pero puedo llegar a comprenderlo. En cambio, la última vez tardó menos de 30 segundos en correrse, y me dejó más sola que nada. Sé que ya nos habíamos estimulado mucho antes y comprendo su nivel de excitación, pero yo llego al orgasmo enseguida mediante la masturbación... A mi pareja no parece que le moleste...".

"¿Cómo le planteo el tema? Sé que me quiere, pero yo vengo de estar con otro chico que era fenomenal... y no quiero que vuelva a pasar. Ya sé que lo más importante no es el orgasmo ni la penetración, soy la primera que se provoca a sí misma los orgasmos mientras mi pareja me acaricia... Pero no me gusta quedarme con esa sensación de abandono, egoísmo, despreocupación. El sexo es cosa de dos, y así me gustaría sentirlo: dar y recibir".

Qué bien expresa la sensación de sentirse alienada cuando tiene que provocarse el orgasmo por su cuenta, al mismo tiempo que participa por completo con su pareja cuando él tiene un orgasmo en su vagina; siente que no es justo, no es recíproco, se siente abandonada y le considera egoísta, pero no quiere tener esa imagen de él. Lo que desea es cambiar su forma de practicar sexo. Su pregunta de cómo plantearle el asunto es razonable.

El sexo debería ser un placer que permita el mutuo abandono, un tiempo y un espacio en los que los dos pueden dejarse ir y sentirlo todo, sin tener que preocuparse por contenerse o sin sentir la necesidad de explicarle a la otra persona que vea las cosas desde un nuevo punto de vista; es demasiado esfuerzo.

Sin embargo, la autora de la carta ve que tiene que provocarse ella misma el orgasmo, masturbarse mientras practica el sexo con su chico o después de que él acabe. Y se siente sola. Se pregunta cómo cambiar la actitud de él, cómo hacer que sea una relación más mutua, de dar y recibir. Quiere tener una mejor relación sexual con él, con toda la razón.

No es justo que las mujeres tengan que esforzarse tanto en inventar una nueva dinámica para el sexo, en ser responsables de su propia satisfacción, pero ésa es la situación: nuestra generación va a ser la primera que invente un nuevo tipo de relaciones sexuales que en el futuro le parecerán normales a la gente.

Ojalá tuviera una varita mágica con la que hacer desaparecer el problema. Pero es una oportunidad magnífica de cambiar la historia.