Hemeroteca de Sexología

 

Una nueva natalidad

 

Carmen Delgado
Rev. Meridiam
Instituto Andaluz de la Mujer

Los cambios que se están produciendo en materia de natalidad en las últimas décadas constituyen un fenómeno auténticamente revolucionario, desconocido hasta el momento, que da cuenta de la forma en que la emancipación social de las mujeres está afectando al desarrollo de las sociedades occidentales, entre ellas la española, que ostenta en la actualidad la menor tasa de nacimientos de todos los países europeos.

Un elevado número de mujeres asegura en algunas encuestas que su deseo es tener más de un hijo y que, por regla general, retrasan su maternidad con la intención de consolidar una cierta estabilidad económico-laboral, lo que ha provocado una bajada continua del número de nacimientos. Esta tendencia se tradujo en una media de 1,6 hijos/as por mujer en 1996 y alcanzó su punto culminante en el año 1998, en el que nacieron poco más de 365.000 bebés en toda España. Se registra entonces el número más bajo de personas nacidas de todo el siglo, superando incluso años de fuerte crisis como los de la guerra civil.

Sin embargo, desde esa fecha se aprecia un moderado repunte de la natalidad tanto en España como en Andalucía, debido fundamentalmente a los hijos e hijas nacidas de madres inmigrantes y a la excesiva acumulación de muchos años de baja fecundidad y nupcialidad, ambos fenómenos estrechamente relacionados. A pesar de este incremento, los datos referidos a nuestra Comunidad Autónoma hablan de un cambio drástico y sin precedentes: es 1976, a la edad de treinta años, el porcentaje de mujeres andaluzas sin descendencia era de 19,3%; en el año 2001, la cifra se había duplicado hasta alcanzar el 41,4%. De igual modo, a mediados de la década de los 70 las mujeres solteras andaluzas constituían el 13,4%, para llegar a ser más del 30% en 2001.

En este aspecto, Andalucía ha seguido el modelo de los países del norte y centro de Europa, que comenzaron a mediados de los 60 un significativo descenso de la natalidad. Quince años más tarde, la Comunidad iniciaba el mismo proceso con inusitada rapidez e intensidad para en poco más de veinte años pasar de ser una de las regiones europeas con el índice de fecundidad más alto a tener una tasa bastante por debajo de la mayoría de los países de la Unión. El pasado año, España alcanzó la cifra de 1,26 hijo/a, la más alta desde 1993, pero todavía la más baja de la Unión Europea, situada incluso por delante de Italia, que ha seguido una evolución muy similar. Se trata de un dato especialmente significativo si se tiene en cuenta que en 1976 nuestro país tenía la tasa de natalidad más alta, 2,80, sólo por detrás del 3,31 de Irlanda.

La inestabilidad laboral

Si nos ponemos a analizar las causas, el problema de fondo radica en las enormes dificultades que tiene la juventud, y en particular las mujeres, para encontrar empleo estable, lo que a su vez conduce a ciclos formativos cada vez más largos para conseguir una mejor cualificación. Por otra parte, el aumento de los costes derivado de la crianza y educación es muy elevado, por no hablar del acceso a la vivienda. Además, las mujeres que logran superar estos obstáculos no consiguen, sin embargo, remontar otras tantas cortapisas, como es la enorme conciliación entre la vida laboral y familiar. En definitiva, según los y las analistas, urge mejorar las prestaciones económicas y los permisos por maternidad e incorporar a estas medidas otras como la flexibilidad del horario laboral, la compatibilización de los horarios comerciales, escolares y servicios públicos o la reducción de la jornada de trabajo, entre otras.

Isabel Serrano, ginecóloga y vicepresidenta de la Federación de Planificación Familiar de España, retrata así la situación: "En nuestro país los embarazos se producen, se producen, fundamentalmente, dentro del matrimonio, y todo el mundo sabe que las parejas retrasan ese momento porque la disponibilidad de trabajo y vivienda es muy problemática para la gente joven. Si el primer hijo o hija se tiene entorno a los 31 años, no queda tiempo para tener muchos más. Por tanto, los principales obstáculos son sociales y, desde nuestro punto de vista, muchos responsables políticos actúan demagógicamente cuando muestran preocupación por las bajas tasas de natalidad y no desarrollan políticas serias encaminadas a mejorar las condiciones sociales, especialmente de la juventud y de las mujeres".

Libertad de elección

El aumento de los niveles de estudio y democratización del uso de los métodos anticonceptivos eficaces entre las mujeres con riesgo de embarazo han contribuido considerablemente a la intensa bajada de a natalidad. Sin embargo, Isabel Serrano asegura que no conviene relacionar en exceso los métodos anticonceptivos y las tasas de natalidad, puesto que éstas dependen fundamentalmente de otros factores: "aunque exista una tendencia a relacionar ambos aspectos, realmente tal influencia no existe. La planificación familiar y los anticonceptivos sólo se utilizan cuando no se desea un embarazo. El acceso a éstos últimos lo único que hace es favorecer el derecho de las personas a controlar su fecundidad", afirma.

En definitiva, puede decirse que las mujeres han ganado libertad en su decisión de ser o no madres. En este control juegan un papel determinante los factores culturales y económicos, puesto que las mujeres de mayor nivel de estudios o ingresos económicos tienen más información y más fácil acceso a los métodos anticonceptivos. Así lo confirma la encuesta de fecundidad de 1999 elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), de donde se desprende que las mujeres con estudios superiores tienen una media de 0,7 hijos/as, mientras que las personas que no saben leer ni escribir alcanzan el 3,2. De igual modo, las mujeres con menor estabilidad laboral tienen menos descendencia. Así la tasa de las contratadas temporales se sitúa en el 0,7 %, mientras que las amas de casa cuentan con una media cercana a los dos hijos/as.