| El
día 25 de noviembre se ha establecido como jornada de manifestación
contra la violencia que sufre la mujer en el ámbito doméstico.
Yo voy a reflexionar sobre su aspecto sanitario. La Violencia Doméstica
(VD) no comienza de forma repentina, sino que es el resultado de
un proceso que se va desarrollando a lo largo del tiempo y que evoluciona
desde la bofetada que no deja lesión objetiva hasta la muerte
de la victima, pasando por todo tipo de agresión: física,
emocional, sexual y psicológica. Es un problema estructural
que trasciende a las condiciones sociales, culturales, demográficas
y económicas de las mujeres que la padecen, por lo que cualquier
mujer está expuesta a se víctima.
La VD tiene graves consecuencias
sobre la salud de las mujeres y no se limita a consecuencias puntuales
y agudas de maltrato, sino que incluyen una gran variedad de síntomas
y patologías a largo plazo. Diversos estudios han demostrado
que las mujeres maltratadas tienen un mayor riesgo de padecer dolor
crónico, diversas somatizaciones, mayor consumo de sustancias
, trastornos gastrointestinales, ansiedad, depresión e intento
de suicidio, en la mayoría de las ocasiones el motivo de
consulta médica es por síntomas físicos y /
o psíquicos poco específicos que suelen ser la carta
de presentación de una situación de maltrato. Pero
además, la VD tiene graves consecuencias para la salud y
el desarrollo cognitivo de los hijos e hijas.
La magnitud y trascendencia del
problema ha llevado a la Organización mundial de la Salud
a declararla como "Grave Problema de salud Pública"
cuya prevención debe ser una prioridad para todos los Estados.
Este tipo de violencia es una realidad
compleja y su etiología es multifactorial lo que hace que
se la considere como una Enfermedad Médico-Social con repercusiones
jurídicas, y los profesionales sanitarios tenemos que tomar
conciencia de que como tal problema de salud nos atañe, y
como acto constitutivo de delito nos obliga a colaborar con la Justicia
.
Por tanto, mi llamada de atención
va hacia los profesionales sanitarios. Profesionales que ante cualquier
tipo de enfermedad se entregan en cuerpo y alma para investigar
su causa, estudiar su tratamiento y adoptar las medidas de prevención
pertinentes. Entonces ¿por qué no actuamos con la
misma dedicación y entrega ante esta pandemia, cuya tasa
de morbilidad y mortalidad es tan preocupante, amén de sus
graves consecuencias individuales, familiares y sociales? En Granada
han sido atendidas en los servicios sanitarios 391 casos de VD mayores
de 18 años, en los ocho primeros meses de este año,
de los cuales 373 han sido mujeres y 18 han sido hombres. Estos
datos son un porcentaje muy bajo respeto de la verdadera prevalencia
de este problema de salud., pues sólo se ponen de manifiesto
las lesiones físicas graves, en tanto que se ocultan el maltrato
psíquico, el emocional, el sexual y las secuelas de los golpes
que no generan lesiones externas.
Se han esgrimido vanos argumentos
para justificar esta falta de detección del maltrato en los
servicios sanitarios, de ellos yo destacaría: la ignorancia
por parte de los profesionales del alcance de la VD y la dinámica
de la misma; el considerar que esto pertenece a la esfera privada
y que a ellos sólo les compete tratar las lesiones producidas,
máxime cuando consideran que l mujer no quiere comunicarlo
y, sobre todo, la falta de formación al respecto y la desmotivación.
Esto se da tanto en el nivel de atención Primaria como en
el nivel especializado. Rodríguez Vega y Fernández
Liría reconocen la escasa sensibilidad de la comunidad científica
psiquiátrica hacia el problema de los malos tratos, quizás
porque es más fácil considerar que debe ajustarse
a "moldes psicopatológicos" establecidos, en lugar
de preguntarse por "lo que queda oculto".
Sin embargo, una eficaz atención
sanitaria de este problema de salud puede ayudar a romper el ciclo
de la violencia y a salvar vidas.
Por lo que reivindico a todos los
profesionales de la salud una concienciación de esta enfermedad
médico-social y un abordaje integral de la misma, un profesional
solo no puede tratarla, tienen que colaborar los médicos
/ as, personal de enfermería y trabajadores sociales del
Sistema en colaboración con personal docente, Policía
y justicia. Y como en cualquier otra patología tiene que
realizarse: Prevención Primaria con una intervención
social que cree u clima de no tolerancia hacia los agresores; a
través de la educación para la salud dando pautas
de unas relaciones interpersonales, de comunicación y convivencia
basadas en el apoyo mutuo y la comprensión; así como,
fomentando redes de apoyo social para las personas en riesgo; con
una intervención adecuada a las embarazadas víctimas
de maltrato prevenimos los efectos nocivos que el mismo supone para
el feto. Actuando a este nivel de prevención también
rompemos el círculo de la violencia transgeneracional, pues
es suficientemente conocido que los hijos /as suelen producir con
bastante frecuencia los mismos patrones de conducta que los padres.
Prevención secundaria: sabiendo realizar un buen diagnóstico
diferencial que detecte todo caso, teniendo un actitud de empatía
hacia la paciente y sabiendo derivar el caso al o la trabajado r/
a social o cualquier otro profesional.
Los gestores tienen que tener en
cuenta que la VD supone un alto coste par a los servicios sanitarios
por un mayor uso de estos por parte de estas pacientes y el mayor
consumo de fármacos debido a una errónea medicación
del problema.
Por consiguiente, todas las instituciones
relacionadas con la VD deben planificar un abordaje con mayor rigor
científico y con mayor voluntad de solucionar este grave
problema. |