Hemeroteca de Sexología

 

QUEREMOS CASARNOS

 
Luz Sánchez-Mellado
El País Semanal. 21 de marzo de 2004

"Ahora o nunca". Han pasado a la acción. Después de reivindicar la libertad y visibilidad, los gays y lesbianas españoles exigen igualdad. Quieren poder contraer matrimonio civil y criar hijos juntos con todas las de la ley. Dejar de ser familias clandestinas. Por eso piden en los tribunales los derechos que el poder les niega.

Cuatro meses antes del estallido nupcial del febrero rosa de San Francisco, el 22 de octubre de 2003, tres parejas de activistas gays españolas (Boti García y Beatriz Gimeno, Pedro Zerolo y Jesús Santos, y Antonio Poveda y Miguel Ángel Fernández) se plantaron los Registros Civiles de Madrid y de Valencia y dijeron: "Queremos casarnos". Rellenaron la solicitud de matrimonio, presentaron dos testigos, firmaron el consiente. La respuesta de los magistrados tardó dos semanas. No, no y no. Los novios vetados interpusieron recurso. La vía jurisdiccional por el derecho al matrimonio civil homosexual en España está abierta. La mecha ha empezado a arder.

Las bodas frustradas de Valencia y Madrid duraron poco en los medios de comunicación. Alguna foto de portada, las rutinarias declaraciones escépticas o empáticas de los líderes políticos según fuera de partidos e derecha o izquierda. Otra escenificación-un poco más audaz, eso sí- de una minoría en lucha por sus objetivos. Más ruido causó la sentencia de Ana Clara Villanueva , juez de Pamplona, que, a mediados de febrero, apeló "al interés prioritario de las menores" para conceder la adopción a dos gemelas a la compañera de la madre biológica de las niñas, concebidas por inseminación artificial. Las gemelas de Navarra, que aún no han cumplido un año, son las primeras personas en la historia de este país que pueden acreditar, legalmente, ser hijas de dos madres.

Sin llegar a la polarización de Estados Unidos, donde el presidente Bush amenaza con modificar la Constitución para prohibir lo que considera "un atentado al pilar fundamental de la civilización", la exigencia del matrimonio y sus derechos inherentes por parte de los homosexuales ha suscitado el debate social en España. Todos los partidos, de derecha y de izquierda, han ignorado el asunto en la campaña electoral. Pero la mecha sigue avanzando.

"¿Y si nos separamos? ¿Y si caigo enfermo?¿Y si me muero?¿Y si se muere?. A pocas parejas se les pasan por la cabeza estas grandes preguntas existenciales justo en el eufórico momento de emprender una vida juntos, comprar una casa, decidir tener un hijo. Pero hay enamorados que han de ser cenizos de oficio. Si una pareja española de gays o de lesbianas, por muy inscrita en el Registro de Parejas de Hecho correspondiente que éste, se separa, o enferma, o fallece uno de sus miembros, lo que sigue puede ser un infierno burocrático añadido al infierno emocional del desamor, la desgracia o la soledad. Por que para la ley no son nada el uno del otro. Esa pareja no existe. Aunque hay cumplido las bodas de plata.

José María Bañón, funcionario de la Biblioteca Nacional, de 47 años, lleva un anillo con un nombre y una fecha por dentro: "Antonio, 28 de febrero de 1979". Hace 25 años que José María y Antonio(Pacheco)salieron cada uno de la casa de sus padres y fundaron su propia familia. Una familia de dos. Sin señora, sin niños y sin papeles. La noche del pasado 28 de febrero echaron el cierre a su castiza taberna La Copla, en el corazón de Madrid, y montaron una fiesta por todo lo alto para celebrar su primer cuarto de siglo juntos. En realidad, Antonio y José María sí tienen un papel. El 28 de febrero -"nuestro día"-de 2000, lunes, se pusieron un esmoquin y fueron a inscribirse en el Registro de Parejas de Hecho de la Comunidad de Madrid. La única forma de legalizar su familia que ofrece hoy la administración, a través de las comunidades autónomas, a las parejas gays y lesbianas.

Un bufete redacta todos los días documentos, poderes y acuerdos privados entre miembros de parejas del mismo sexo para poder hacer las cosas más peregrinas. "Desde ir a buscar al colegio al hijo de tu compañero hasta asuntos menos cotidianos, pero posibles, como tener un vis à vis con tu novio/a si éste está en la cárcel".

La proliferación de este papeleo paralelo ha hecho pedir árnica a las instituciones a algunos miembros de una institución tan poco sospechosa de libertina como el Ilustre Colegio de Notarios de Madrid. Los fedatarios públicos son conscientes de la contradicción. Los documentos, los poderes, los acuerdos privados que firman son perfectamente legales. Pero, ante la ausencia de una legislación clara, única y determinante, el que manda al final en la regulación de las parejas es el Código Civil. Y para él, sencillamente las parejas homosexuales no existen.

Gerardo Meil, profesor de Sociología de la >Universidad Autónoma de Madrid, ha investigado este expediente X jurídico. "Alrededor de un tercio de los hombres y mujeres homosexuales españoles vive en pareja. Los jóvenes gays y lesbianas se emancipan de sus padres mucho antes que sus coetáneos heterosexuales y también se emparejan antes. Mientras una pareja heterosexual espera una media de tres años y diez meses para vivir junta, la mayoría de gays y lesbianas no deja pasar un año entero antes de convivir". Meil es autor de Las uniones de hecho en España (Centro de Investigaciones Sociológicas 2004), un exhaustivo informe sobre esta forma emergente de convivencia. La única permitida a los homosexuales. En él se constata que el emparejamiento con vocación de durabilidad es un fenómeno en auge entre las parejas del mismo sexo. "Una vez superada la fase inicial de liberación y eclosión de la identidad y el orgullo gay, con un rechazo de los modelos establecidos de organización de la vida privada, la aspiración a una relación especial respecto a la satisfacción de las necesidades afectivas ha ido ganando terreno en la cultura homosexual". Y es que, según Meil, las ventajas del paquete familiar -"flujo continuado de intercambios sociales, ayudas, cuidados, afecto, bienes económicos que redundan en un aumento del bienestar individual y colectivo"- son muy atractivas, independientemente de la orientación sexual.

Varios ensayos recientes -Las familias que elegimos. Lesbianas, gays y parentesco (Kath, Weston y Bellaterra, 2003), Padres como los demás (Anne Cadoret, Gedisa 2003), abundan en la idea. Los homosexuales forman familias. Eso no es nuevo, pero ahora quieren hacerlo con todas las de la ley. "Antes vivías en el gueto, bastante tenías con encontrar a alguien como tú. Ahora la gente se permite soñar, hacer proyectos, decidir su futuro", dice Ana Segura, ocho años de convivencia con Isabel.

Esta especie de tercera fase del movimiento gay -"primero gritábamos libertad, después visibilidad, ahora exigimos igualdad de derechos", dice Pedro Zerolo-, la del asalto a las instituciones heterosexuales milenarias (matrimonio, descendencia), no ha dejado indiferente a nadie. Tampoco a algunos notables del movimiento de liberación gay.. Óscar Guasch, antropólogo y profesor de la Universidad de Barcelona, deplora el afán de "copiar modelos caducos y fracasados como el matrimonio" por parte de la línea oficial. "Claro que debemos tener los mismos derechos. Eso no habría ni que discutirlo. Pero yo, ni soy normal, ni quiero serlo. Los gays y lesbianas hemos inventado nuevos modelos de familias, la pareja abierta, los tríos, las parejas de amigos...En vez de copiar los suyos, podríamos aportar a los heterosexuales nuestros propios hallazgos".

En el polo opuesto del discurso de Guasch, la pretensión del matrimonio y sobre todo el derecho legal de criar hijos en común ha puesto en guardia a muchos. Y no solo a los que cabría esperar: Pocos se sorprendieron de la reacción del Partido Popular a la sentencia de la juez de Navarra que concedió la patria potestad de dos menores a dos mujeres lesbianas. Es el PP el que ha bloqueado y recurrido las leyes de parejas de hecho más abiertas, como la de Navarra. Tampoco hubo sorpresas con la Conferencia Episcopal, cuyo portavoz declaró "injusto" para los adoptados el que "se les prive de padre o madre, necesarios ambos para el desarrollo del niño". Hacía poco que los obispos habían publicado su polémico texto deplorando modelos familiares no compuestos como Dios manda.

Más inquietud causó en los interesados la "tibia" reacción de Rodríguez Zapatero, líder del PSOE, en vísperas de la campaña electoral. El líder socialista apeló a "la necesidad de un amplio consenso social" para regularizar la adopción conjunta por parejas del mismo sexo. Las declaraciones cayeron como un jarro de agua fría sobre Pedro Zerolo. El concejal socialista quiere pensar que Zapatero se refería a la necesidad de una "nueva mayoría parlamentaria" en el Congreso. "No es este un momento para las medias tintas. O se está a favor de la igualdad de derechos o se está en contar. Quién esté contra la igualdad de derechos de los homosexuales es homófobo, y no se puede ser homófobo y socialista. El consenso social existe, nos lo hemos ganado a pulso los colectivos con nuestro trabajo de 25 años. Pero, aunque no existiera, hay cosas en las que la izquierda debe de creer de oficio. La libertad y la dignidad de la persona, recogidas en la Constitución, son dos de ellas".

El CIS midió el consenso social en 1997. el 57% de los españoles se mostró a favor de equiparar los derechos de las parejas del mismo sexo con los de los casados; un 33%, en contra. Una encuesta on-line de este periódico realizada en 2003 clavaba estos resultados. Pero si se afina la pregunta surgen claroscuros. El 57% de los Pro-igualdad se dividía cuando el CIS le preguntaba, específicamente, por el derecho de gays y lesbianas al matrimonio civil (85% a favor) o a adoptar hijos en común (59%). La adopción, la crianza de hijos en un entorno abiertamente homosexual, son para muchos, palabras mayores.

El único informe existente en España, realizado en 2002 por la Universidad de Sevilla, por encargo del defensor del menor de Madrid, concluye que "no hay diferencias apreciables" en el desarrollo personal de menores criados en hogares homoparentales respecto a niños educados por padres heterosexuales". "Si acaso", explica Mar González, psicóloga, responsable del estudio, "se observa una mayor apertura de estos menores a la hora de considerar los roles de géneros y las distintas opciones de orientación sexual". La opinión de muchas personas al respecto parece tener más que ver con sus más íntimos planteamientos morales que con su adscripción política o religiosa. Así, popes de la izquierda como el socialista Juan Carlos Rodríguez Ibarra no han dudado en mostrarse escépticos, cuando no militantes, contra la posibilidad de la adopción conjunta. Mientras, otros políticos y especialistas cristianos, como la portavoz del Gobierno Vasco, Miren Azcárate (PNV), o el filósofo y teólogo Francesc Torralba - autor de Pares y fills (Planeta, 20003)-, rompen tópicos. "Creo que lo absolutamente necesario en el desarrollo del niño es el deseo de potenciar el otro, de velar por su bien, y este deseo no requiere necesariamente de dos figuras, ni tampoco de dos figuras de condición sexuada distinta. Una persona con una pareja de la misma condición sexuada puede ser un foco de amor y entrega en el sentido más genuino. Nadie tiene el patrimonio del amor", opina Torralba sobre la adopción conjunta.

Mientras el debate social sigue abierto, la mecha avanza en los juzgados. Es cuestión de tiempo de los recursos interpuestos por las tres parejas de novios vetados lleguen al Truibunal Constitucional. Entonces, si ninguna instancia inferior se pronuncia, alguien tendrá que dictaminar si los Zerolo-Santos, las García-Jimeno y los Poveda-Fernández acabe en los márgenes de la ley fundamental del Estado. Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional, cree que sí. Y cita tres artículos. El 32: "El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica". El 14, que consagra la igualdad. Y el 10.1, que garantiza y el libre desarrollo de la personalidad. "Naturalmente que el legislador no estaba pensando, en 1978, en los matrimonios homosexuales", admite. "Pero la ley es más lista que el legislador, y el camino está abierto. La garantía de la igualdad no consiste en que todos tengamos que ser iguales, sino en que tengamos derecho a ser diferentes".