| "Ahora
o nunca". Han pasado a la acción. Después de
reivindicar la libertad y visibilidad, los gays y lesbianas españoles
exigen igualdad. Quieren poder contraer matrimonio civil y criar
hijos juntos con todas las de la ley. Dejar de ser familias clandestinas.
Por eso piden en los tribunales los derechos que el poder les niega.
Cuatro meses antes del estallido nupcial del febrero rosa de San
Francisco, el 22 de octubre de 2003, tres parejas de activistas
gays españolas (Boti García y Beatriz Gimeno, Pedro
Zerolo y Jesús Santos, y Antonio Poveda y Miguel Ángel
Fernández) se plantaron los Registros Civiles de Madrid y
de Valencia y dijeron: "Queremos casarnos". Rellenaron
la solicitud de matrimonio, presentaron dos testigos, firmaron el
consiente. La respuesta de los magistrados tardó dos semanas.
No, no y no. Los novios vetados interpusieron recurso. La vía
jurisdiccional por el derecho al matrimonio civil homosexual en
España está abierta. La mecha ha empezado a arder.
Las bodas frustradas de Valencia y Madrid duraron poco en los medios
de comunicación. Alguna foto de portada, las rutinarias declaraciones
escépticas o empáticas de los líderes políticos
según fuera de partidos e derecha o izquierda. Otra escenificación-un
poco más audaz, eso sí- de una minoría en lucha
por sus objetivos. Más ruido causó la sentencia de
Ana Clara Villanueva , juez de Pamplona, que, a mediados de febrero,
apeló "al interés prioritario de las menores"
para conceder la adopción a dos gemelas a la compañera
de la madre biológica de las niñas, concebidas por
inseminación artificial. Las gemelas de Navarra, que aún
no han cumplido un año, son las primeras personas en la historia
de este país que pueden acreditar, legalmente, ser hijas
de dos madres.
Sin llegar a la polarización de Estados Unidos, donde el
presidente Bush amenaza con modificar la Constitución para
prohibir lo que considera "un atentado al pilar fundamental
de la civilización", la exigencia del matrimonio y sus
derechos inherentes por parte de los homosexuales ha suscitado el
debate social en España. Todos los partidos, de derecha y
de izquierda, han ignorado el asunto en la campaña electoral.
Pero la mecha sigue avanzando.
"¿Y si nos separamos? ¿Y si caigo enfermo?¿Y
si me muero?¿Y si se muere?. A pocas parejas se les pasan
por la cabeza estas grandes preguntas existenciales justo en el
eufórico momento de emprender una vida juntos, comprar una
casa, decidir tener un hijo. Pero hay enamorados que han de ser
cenizos de oficio. Si una pareja española de gays o de lesbianas,
por muy inscrita en el Registro de Parejas de Hecho correspondiente
que éste, se separa, o enferma, o fallece uno de sus miembros,
lo que sigue puede ser un infierno burocrático añadido
al infierno emocional del desamor, la desgracia o la soledad. Por
que para la ley no son nada el uno del otro. Esa pareja no existe.
Aunque hay cumplido las bodas de plata.
José María Bañón, funcionario de la
Biblioteca Nacional, de 47 años, lleva un anillo con un nombre
y una fecha por dentro: "Antonio, 28 de febrero de 1979".
Hace 25 años que José María y Antonio(Pacheco)salieron
cada uno de la casa de sus padres y fundaron su propia familia.
Una familia de dos. Sin señora, sin niños y sin papeles.
La noche del pasado 28 de febrero echaron el cierre a su castiza
taberna La Copla, en el corazón de Madrid, y montaron una
fiesta por todo lo alto para celebrar su primer cuarto de siglo
juntos. En realidad, Antonio y José María sí
tienen un papel. El 28 de febrero -"nuestro día"-de
2000, lunes, se pusieron un esmoquin y fueron a inscribirse en el
Registro de Parejas de Hecho de la Comunidad de Madrid. La única
forma de legalizar su familia que ofrece hoy la administración,
a través de las comunidades autónomas, a las parejas
gays y lesbianas.
Un bufete redacta todos los días documentos, poderes y
acuerdos privados entre miembros de parejas del mismo sexo para
poder hacer las cosas más peregrinas. "Desde ir a buscar
al colegio al hijo de tu compañero hasta asuntos menos cotidianos,
pero posibles, como tener un vis à vis con tu novio/a si
éste está en la cárcel".
La proliferación de este papeleo paralelo ha hecho pedir
árnica a las instituciones a algunos miembros de una institución
tan poco sospechosa de libertina como el Ilustre Colegio de Notarios
de Madrid. Los fedatarios públicos son conscientes de la
contradicción. Los documentos, los poderes, los acuerdos
privados que firman son perfectamente legales. Pero, ante la ausencia
de una legislación clara, única y determinante, el
que manda al final en la regulación de las parejas es el
Código Civil. Y para él, sencillamente las parejas
homosexuales no existen.
Gerardo Meil, profesor de Sociología de la >Universidad
Autónoma de Madrid, ha investigado este expediente X jurídico.
"Alrededor de un tercio de los hombres y mujeres homosexuales
españoles vive en pareja. Los jóvenes gays y lesbianas
se emancipan de sus padres mucho antes que sus coetáneos
heterosexuales y también se emparejan antes. Mientras una
pareja heterosexual espera una media de tres años y diez
meses para vivir junta, la mayoría de gays y lesbianas no
deja pasar un año entero antes de convivir". Meil es
autor de Las uniones de hecho en España (Centro de Investigaciones
Sociológicas 2004), un exhaustivo informe sobre esta forma
emergente de convivencia. La única permitida a los homosexuales.
En él se constata que el emparejamiento con vocación
de durabilidad es un fenómeno en auge entre las parejas del
mismo sexo. "Una vez superada la fase inicial de liberación
y eclosión de la identidad y el orgullo gay, con un rechazo
de los modelos establecidos de organización de la vida privada,
la aspiración a una relación especial respecto a la
satisfacción de las necesidades afectivas ha ido ganando
terreno en la cultura homosexual". Y es que, según Meil,
las ventajas del paquete familiar -"flujo continuado de intercambios
sociales, ayudas, cuidados, afecto, bienes económicos que
redundan en un aumento del bienestar individual y colectivo"-
son muy atractivas, independientemente de la orientación
sexual.
Varios ensayos recientes -Las familias que elegimos. Lesbianas,
gays y parentesco (Kath, Weston y Bellaterra, 2003), Padres como
los demás (Anne Cadoret, Gedisa 2003), abundan en la idea.
Los homosexuales forman familias. Eso no es nuevo, pero ahora quieren
hacerlo con todas las de la ley. "Antes vivías en el
gueto, bastante tenías con encontrar a alguien como tú.
Ahora la gente se permite soñar, hacer proyectos, decidir
su futuro", dice Ana Segura, ocho años de convivencia
con Isabel.
Esta especie de tercera fase del movimiento gay -"primero
gritábamos libertad, después visibilidad, ahora exigimos
igualdad de derechos", dice Pedro Zerolo-, la del asalto a
las instituciones heterosexuales milenarias (matrimonio, descendencia),
no ha dejado indiferente a nadie. Tampoco a algunos notables del
movimiento de liberación gay.. Óscar Guasch, antropólogo
y profesor de la Universidad de Barcelona, deplora el afán
de "copiar modelos caducos y fracasados como el matrimonio"
por parte de la línea oficial. "Claro que debemos tener
los mismos derechos. Eso no habría ni que discutirlo. Pero
yo, ni soy normal, ni quiero serlo. Los gays y lesbianas hemos inventado
nuevos modelos de familias, la pareja abierta, los tríos,
las parejas de amigos...En vez de copiar los suyos, podríamos
aportar a los heterosexuales nuestros propios hallazgos".
En el polo opuesto del discurso de Guasch, la pretensión
del matrimonio y sobre todo el derecho legal de criar hijos en común
ha puesto en guardia a muchos. Y no solo a los que cabría
esperar: Pocos se sorprendieron de la reacción del Partido
Popular a la sentencia de la juez de Navarra que concedió
la patria potestad de dos menores a dos mujeres lesbianas. Es el
PP el que ha bloqueado y recurrido las leyes de parejas de hecho
más abiertas, como la de Navarra. Tampoco hubo sorpresas
con la Conferencia Episcopal, cuyo portavoz declaró "injusto"
para los adoptados el que "se les prive de padre o madre, necesarios
ambos para el desarrollo del niño". Hacía poco
que los obispos habían publicado su polémico texto
deplorando modelos familiares no compuestos como Dios manda.
Más inquietud causó en los interesados la "tibia"
reacción de Rodríguez Zapatero, líder del PSOE,
en vísperas de la campaña electoral. El líder
socialista apeló a "la necesidad de un amplio consenso
social" para regularizar la adopción conjunta por parejas
del mismo sexo. Las declaraciones cayeron como un jarro de agua
fría sobre Pedro Zerolo. El concejal socialista quiere pensar
que Zapatero se refería a la necesidad de una "nueva
mayoría parlamentaria" en el Congreso. "No es este
un momento para las medias tintas. O se está a favor de la
igualdad de derechos o se está en contar. Quién esté
contra la igualdad de derechos de los homosexuales es homófobo,
y no se puede ser homófobo y socialista. El consenso social
existe, nos lo hemos ganado a pulso los colectivos con nuestro trabajo
de 25 años. Pero, aunque no existiera, hay cosas en las que
la izquierda debe de creer de oficio. La libertad y la dignidad
de la persona, recogidas en la Constitución, son dos de ellas".
El CIS midió el consenso social en 1997. el 57% de los
españoles se mostró a favor de equiparar los derechos
de las parejas del mismo sexo con los de los casados; un 33%, en
contra. Una encuesta on-line de este periódico realizada
en 2003 clavaba estos resultados. Pero si se afina la pregunta surgen
claroscuros. El 57% de los Pro-igualdad se dividía cuando
el CIS le preguntaba, específicamente, por el derecho de
gays y lesbianas al matrimonio civil (85% a favor) o a adoptar hijos
en común (59%). La adopción, la crianza de hijos en
un entorno abiertamente homosexual, son para muchos, palabras mayores.
El único informe existente en España, realizado
en 2002 por la Universidad de Sevilla, por encargo del defensor
del menor de Madrid, concluye que "no hay diferencias apreciables"
en el desarrollo personal de menores criados en hogares homoparentales
respecto a niños educados por padres heterosexuales".
"Si acaso", explica Mar González, psicóloga,
responsable del estudio, "se observa una mayor apertura de
estos menores a la hora de considerar los roles de géneros
y las distintas opciones de orientación sexual". La
opinión de muchas personas al respecto parece tener más
que ver con sus más íntimos planteamientos morales
que con su adscripción política o religiosa. Así,
popes de la izquierda como el socialista Juan Carlos Rodríguez
Ibarra no han dudado en mostrarse escépticos, cuando no militantes,
contra la posibilidad de la adopción conjunta. Mientras,
otros políticos y especialistas cristianos, como la portavoz
del Gobierno Vasco, Miren Azcárate (PNV), o el filósofo
y teólogo Francesc Torralba - autor de Pares y fills (Planeta,
20003)-, rompen tópicos. "Creo que lo absolutamente
necesario en el desarrollo del niño es el deseo de potenciar
el otro, de velar por su bien, y este deseo no requiere necesariamente
de dos figuras, ni tampoco de dos figuras de condición sexuada
distinta. Una persona con una pareja de la misma condición
sexuada puede ser un foco de amor y entrega en el sentido más
genuino. Nadie tiene el patrimonio del amor", opina Torralba
sobre la adopción conjunta.
Mientras el debate social sigue abierto, la mecha avanza en los
juzgados. Es cuestión de tiempo de los recursos interpuestos
por las tres parejas de novios vetados lleguen al Truibunal Constitucional.
Entonces, si ninguna instancia inferior se pronuncia, alguien tendrá
que dictaminar si los Zerolo-Santos, las García-Jimeno y
los Poveda-Fernández acabe en los márgenes de la ley
fundamental del Estado. Javier Pérez Royo, catedrático
de Derecho Constitucional, cree que sí. Y cita tres artículos.
El 32: "El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio
con plena igualdad jurídica". El 14, que consagra la
igualdad. Y el 10.1, que garantiza y el libre desarrollo de la personalidad.
"Naturalmente que el legislador no estaba pensando, en 1978,
en los matrimonios homosexuales", admite. "Pero la ley
es más lista que el legislador, y el camino está abierto.
La garantía de la igualdad no consiste en que todos tengamos
que ser iguales, sino en que tengamos derecho a ser diferentes".
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