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Cuando
hacia el 2020, se quiera poner fecha a lo que entonces será
algo normal- los matrimonios entre homosexuales-, se dirá:
todo empezó en San Francisco, en aquellos días de
febrero de 2004 en los que miles de parejas gays se casaron allí,
y en Oregón, y en Nueva York... En realidad, todo empezó
en Vermont, en 1999, cuando el Supremo dijo que las parejas homosexuales
merecían una unión con los mismos derechos que las
heterosexuales; dio un salto adelante en noviembre, cuando el Supremo
de Massachussets falló que es inconstitucional discriminar
a las personas por razón de sexo, y estalló el 12
de febrero, cuando el alcalde de San Francisco, Gavin Newsom decidió
que la Constitución está por encima de la ley de parejas
y autorizó las bodas de homosexuales. El asunto pasará
por varias montañas rusas, se anularán , y se permitirán
y se volverán a anular licencias matrimoniales; fallarán
a favor y en contra diversos tribunales; habrá referendos;
se ganarán y se perderán elecciones. Pero la cuestión
del matrimonio gay está aquí para quedarse, destinada
a ser una batalla de derechos civiles antes de convertirse en historia.
"En virtud de la autoridad que me otorgan el Estado de California
y la ciudad de San Francisco, os declaro, Judith y Marie, esposa
para toda la vida". Son las doce de la mañana del 26
de febrero. Susan Leal, tesorera del Ayuntamiento de San Francisco,
pronuncia la fórmula, y Marie, que lleva 20 años viviendo
con Judith, no puede evitar las lágrimas. "La gente
quiere asumir un compromiso solemne, y creo que eso es estupendo"
dice Leal, hija de inmigrantes mexicanos. "Quizá haya
al principio gente incómoda con estos matrimonios; pero aunque
se tarde, aunque hay revese, esto se normalizará, porque
los estadounidenses creen en la justicia y la equidad".
El momento quizá no sea el más apropiado, por que
en unas elecciones tan polarizadas como las de este año cualquier
argumento es bueno para ganar o peder un voto y, según el
Centro de Investigación Pew, dos de cada tres estadounidenses
se oponen a las bodas gays. Pero "ningún momento es
bueno para cosas así", cree el alcalde de San Francisco.
Newsom- demócrata, heterosexual, millonario y ambicioso-estuvo
en Washington en enero, en el discurso sobre el estado de la Unión,
y se quedo de piedra al oír a Bus hablar de la santidad del
matrimonio(En EE Uuhay un 50% de separaciones, un alto nivel de
adulterios y un tercio de hijos nacidos fuera del matrimonio). El
alcalde volvió a su ciudad, dijo que había jurado-
fue elegido el 7 de octubre-no tolerar las discriminaciones y dio
luz verde a las bodas para todos. El país se alborotó
unos cuantos días. Bus anunció una enmienda constitucional-menos
por convicción que para satisfacer a su base fundamentalista-para
definir el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.
Ahora, el movimiento -el de las condenas y el de las bodas- se extiende.
"Reclamar el derecho al matrimonio es la pieza central de
la lucha por la igualdad de los homosexuales, no sólo requiere
la aceptación individual del homosexual, sino también
de sus derechos cívicos, los derechos de alguien que quiere
legalizar su vínculo afectivo con otra persona ", dice
Jon Davidson, asesor jurídico de Lambda Legal, el grupo legal
de apoyo a los gays. Con palabras distintas, pero razonamientos
similares, se explica Alejandra, de 22 años, cinco minutos
después de casarse con Arlene: "Algunos se vuelven locos
porque dicen que no es lo normal. No saben cómo ver algo
que es diferente a ellos. Hace algunos años tampoco querían
que se casara gente con la piel de distinto color". Donald
Bird, que se acaba de casar, asiente: "Es una cuestión
de igualdad de derechos, que es lo que garantiza nuestra Constitución.
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