Hemeroteca de Sexología

 

LAS BODAS DE SAN FRANCISCO

 
JOSE MANUEL CALVO
El País Semanal. 21 de marzo de 2004

Cuando hacia el 2020, se quiera poner fecha a lo que entonces será algo normal- los matrimonios entre homosexuales-, se dirá: todo empezó en San Francisco, en aquellos días de febrero de 2004 en los que miles de parejas gays se casaron allí, y en Oregón, y en Nueva York... En realidad, todo empezó en Vermont, en 1999, cuando el Supremo dijo que las parejas homosexuales merecían una unión con los mismos derechos que las heterosexuales; dio un salto adelante en noviembre, cuando el Supremo de Massachussets falló que es inconstitucional discriminar a las personas por razón de sexo, y estalló el 12 de febrero, cuando el alcalde de San Francisco, Gavin Newsom decidió que la Constitución está por encima de la ley de parejas y autorizó las bodas de homosexuales. El asunto pasará por varias montañas rusas, se anularán , y se permitirán y se volverán a anular licencias matrimoniales; fallarán a favor y en contra diversos tribunales; habrá referendos; se ganarán y se perderán elecciones. Pero la cuestión del matrimonio gay está aquí para quedarse, destinada a ser una batalla de derechos civiles antes de convertirse en historia.

"En virtud de la autoridad que me otorgan el Estado de California y la ciudad de San Francisco, os declaro, Judith y Marie, esposa para toda la vida". Son las doce de la mañana del 26 de febrero. Susan Leal, tesorera del Ayuntamiento de San Francisco, pronuncia la fórmula, y Marie, que lleva 20 años viviendo con Judith, no puede evitar las lágrimas. "La gente quiere asumir un compromiso solemne, y creo que eso es estupendo" dice Leal, hija de inmigrantes mexicanos. "Quizá haya al principio gente incómoda con estos matrimonios; pero aunque se tarde, aunque hay revese, esto se normalizará, porque los estadounidenses creen en la justicia y la equidad".

El momento quizá no sea el más apropiado, por que en unas elecciones tan polarizadas como las de este año cualquier argumento es bueno para ganar o peder un voto y, según el Centro de Investigación Pew, dos de cada tres estadounidenses se oponen a las bodas gays. Pero "ningún momento es bueno para cosas así", cree el alcalde de San Francisco. Newsom- demócrata, heterosexual, millonario y ambicioso-estuvo en Washington en enero, en el discurso sobre el estado de la Unión, y se quedo de piedra al oír a Bus hablar de la santidad del matrimonio(En EE Uuhay un 50% de separaciones, un alto nivel de adulterios y un tercio de hijos nacidos fuera del matrimonio). El alcalde volvió a su ciudad, dijo que había jurado- fue elegido el 7 de octubre-no tolerar las discriminaciones y dio luz verde a las bodas para todos. El país se alborotó unos cuantos días. Bus anunció una enmienda constitucional-menos por convicción que para satisfacer a su base fundamentalista-para definir el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. Ahora, el movimiento -el de las condenas y el de las bodas- se extiende.

"Reclamar el derecho al matrimonio es la pieza central de la lucha por la igualdad de los homosexuales, no sólo requiere la aceptación individual del homosexual, sino también de sus derechos cívicos, los derechos de alguien que quiere legalizar su vínculo afectivo con otra persona ", dice Jon Davidson, asesor jurídico de Lambda Legal, el grupo legal de apoyo a los gays. Con palabras distintas, pero razonamientos similares, se explica Alejandra, de 22 años, cinco minutos después de casarse con Arlene: "Algunos se vuelven locos porque dicen que no es lo normal. No saben cómo ver algo que es diferente a ellos. Hace algunos años tampoco querían que se casara gente con la piel de distinto color". Donald Bird, que se acaba de casar, asiente: "Es una cuestión de igualdad de derechos, que es lo que garantiza nuestra Constitución.