
El MALTRATO A LAS MUJERES INCLUYE SEXO FORZADO QUE CASI NUNCA SE
DENUNCIA.Hay víctimas de 20 años que llevan cinco
aguantando
“No me gusta que te pongas esa falda”. En el comienzo
del calvario no tiene por qué haber golpes, gritos, lágrimas
y escándalo. No suele ocurrir así. El anuncio de la
tormenta que habrá de venir puede ser una pregunta aparentemente
inocua.”¿A dónde vas con ese escote?”.
O un deseo que ya se asemeja a una orden. “No quiero que montes
con ese tío en la moto”.
Alfredo Suárez, miembro de la Policía Judicial de
la Guardia Civil, ha escuchado esas frases en muchas ocasiones.
Y la mayoría de las veces años después de que
fueran pronunciadas, cuando las palizas son ya habituales y la vida
de la mujer corre peligro. “Asistimos a bastantes chicas jóvenes,
de 20 años o así, pero que llevan cinco aguantando”,
detalla el especialista las características de un fenómeno
que no sabe de edades ni condición social. “Nunca hemos
atendido a una jueza o a una médico...Pero eso no quiere
decir que los malos tratos no se den en todas las capas sociales.
Lo que pasa es que las clases altas tienen otros cauces para enfrentarse
al problema”.
El sufrimiento es prácticamente idéntico en todos
los estratos sociales . Y el camino que llevó hasta él,
también. Las diferencias se diluyen. Lo que suele empezar
con supuestos e inocentes ataques de celos, acaba siendo una tragedia.
El tramo final del calvario de los malos tratos es dramático,
de una crueldad que espanta.
“Hay mujeres que llegan semidesnudas, llorando, desesperadas...Incluso
asistimos a una que tenía un dedo amputado”, recordó
ayer el guardia civil ante un auditorio compuesto de estudiantes
de Psicología de la Universidad de Granada.
Alfredo Suárez trabaja en el Equipo de Mujer-Menor de instituto
armado-conocido por su abreviatura: Emune -, un grupo de agentes
especializados en la lucha contra la violencia de género.
El guardia también llamo la atención sobre un hecho
suele permanecer en el rincón más oscuro de un mundo
que ya por si es opaco: Aparte de los golpes y las vejaciones, la
mayoría de las mujeres maltratadas mantienes relaciones sexuales
forzadas con sus verdugos y rara vez las denuncian. “Es de
sentido común que a ninguna mujer le apetece tener relaciones
con el hombre que le acaba de pegar una paliza. Pero sabemos que
sucede, que acceden a tener una relación sexual sin desearlo.
Y es algo que no se denuncia”, explicó su experiencia
Alfredo Suárez.
El funcionario de la Benemérita participó en una
mesa redonda sobre esta sangrante “plaga social” en
la que también estuvieron Isabel Díez Ros, psicóloga
del Instituto Andaluz de la Mujer; Inés García Zafra,
jurista del Servicio de Atención a la Víctima de Andalucía
y Fernando Villadangos, psicólogo y presidente de la Sociedad
de Sexología Al-Garaia -entidad que, junto a la Fundación
Empresa –Universidad , había organizado la actividad
como acto para la presentación de la VII Edición del
Master en Sexología Clínica y de la Salud.
Isabel Díez Ros destacó la reciente puesta en marcha,
gracias a la colaboración con el Colegio Oficial de Psicólogos,
de un servicio de terapia de grupo para las víctimas de la
violencia de género, una herramienta que, según dijo,
está siendo muy útil para las afectadas.
Por su parte, Inés García Zafra hizo un recorrido
histórico y consideró clave la reacción popular
que suscitó el asesinato de Ana Orantes en 1997, la mujer
que fue quemada viva por su marido en la localidad de Cúllar
Vega.
El resto de los integrantes de la mesa redonda también coincidieron
en que ese brutal homicidio fue la gota que colmó el vaso
de la paciencia social y desencadenó una serie de reformas
legales para intentar poner coto a la violencia contra las mujeres.
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