Hemeroteca de Sexología

 

CASARSE DE PALABRA Y SIN PAPELES

La pareja de hecho se consolida como forma de convivencia entre los jóvenes. La mitad de los hombres y un tercio de las mujeres de 20 a 24 años conviven sin casarse


EL PAÍS, 20 DE SEPTIEMBRE DE 2004
 

La pareja de hecho se consolida como forma de convivencia entre los jóvenes. La mitad de los hombres y un tercio de las mujeres de 20 a 24 años conviven sin casarse. Convivir sin casarse es un hábito creciente, sobre todo entre los jóvenes. Casi la mitad de los hombres (48.9%) y más de un tercio de las muejeres (38.4%) entre 20 y 24 años que viven en pareja lo hacen sin pasar por el altar o el juzgado, a tenor del censo de 2001. en cambio, en 1995 la proporción era del 12.5% entre los varones y del 19.1% entre las mujeres de esa edad. “Los jóvenes empiezan por convivir. Se casan sobre todo cuando deciden tener hijos”, asegura el profesor Gerardo Meil, experto en este fenómeno. De ahí que las bodas gocen de buena salud. Las uniones sin papeles no están reguladas en toda España y solo cuando hay hijos se aplica la ley del divorcio, cuya modificación acaba de iniciar el gobierno.

Ni ritual religioso ni civil. Ni sacramento ni cita en el juzgado. “No creo que necesite un papel para demostrar nada o para aparecer como pareja de alguien ante la gente”, afirma Laura Fernández, traductora de 28 años que convive desde hace siete con Jorge, su novio, en un barrio del norte de Madrid.

A los 20, 22 o los 24 años casarse no es una prioridad. Amarse y vivir juntos, sí. Como ensayo de convivencia, o como compromiso privado. Solo uno de cada dos chicos y dos de cada tres chicas en ese tramo de edad deciden legalizar su convivencia y pasar al matrimonio. A esas edades casrse puede ser un lujo, una afirmación religiosa, o un gesto neorromántico.

A los 30 se produce cierta metamorfosis: una importante porción de parejas de hecho que inician juntas la treintena acaban casándose. Por dos motivos: porque se espera un hijo común o porque resulta más ventajoso económicamente. Pero junto a esta tendencia crece también la opción de no pasar por la vicaría o el juzgado aunque lleguen los hijos y los lazos económicamente se estrechen.

¿Para qué casarse? La pregunta se multiplica como un eco entre las jóvenes parejas. Si ambos trabajan y tienen nóminas separadas y si son conscientes de que el amor puede extinguirse, la propuesta de pasar por el altar o por el juzgado carece de sentido.

“Yo no veo casándome en un futuro. Quizá me lo plantee si la ley no cambia y espero un hijo, porque el matrimonio te quita muchos problemas, pero hoy ni me lo palnteo. Hasta ahora no hemos tenido grandes dificultades. Solo notamos la desventaja cuando nos interesamos por unos pisos de protección oficial y Pozuelo y vimos que al ser solteros nos daban menos puntos”, agrega Laura Fernández. “Jorge tampoco es proclive a que nos casemos. Suele decir que hasta que no sea igual de fácil casarse que divorciarse no merece la poena”.

No casarse es también una estrategia de permanencia. La conquista no está cabada. Dado que no hay matrimonio, no hay posesión. La relación se mantine hasta que funcione. A veces hasta encontrar una nueva pareja, o hasta casarse para confirmar la relación. Con el tiempo, las parejas de hecho se parecen cada vez más a un matrimonio: hipotecas compartidas, hijos en común, etc. Si no les une Hacienda, será la guardería infantil, o a veces el colegio.

No obstante la presión social ha disminuido. Las diferencias externas entre un joven matrimonio y una pareja con hijos en la que él y ella no son el marido o la esposa, sino “mi chico” y “mi chica” son tan sutiles que en muchas casas de vecinos nadie sabe ni pregunta ya quién está casado por la Iglesia, quein por lo civil, y quién de palbra. Los hechos sustituyen a los nombres.

Aunque el matrimonio es la forma de vida común más frecuente en España (de los 9.5 millones de uniones, casi nueve millones son de casados), las parejas de hecho están en alza. Asdcienden a 563 723 (el 5.9% del total), según los datos del censo de 2001 que ha difundido el Instituto Nacional de Estadística (INE). “Este m,odo de convivencia está en expansión en general, y de forma más marcada entre los jóvenes”, afirma el profesor de Sociología Gerardo Meil (Universida Autónoma de Madrisd), autor de varios libros sobre la convivencia en pareja.

“En 1985, solo el 1.1% de las mujeres entre 20 y 49años convivián sin casarse. En 1995 habían aumentado al 5.2% y ahora lo hace el 9%”, detalla Meil. A partir de los 50 años, solo el 1.98% de las mujeres y el 2.3% de los hombres que conviven lo hacen en unión de hecho. La cohabitación sin papeles aún carece de una regulación estatal, pese a las numerosas vocesque la han pedido, como la de los abogados de familia. En cambio, existen normas diferentes an algunas comunidades autónomas. En caso de ruptura, si hay hijos, se aplica la normativa sobre divorcio, cuya reforma acaba de emprender el Gobierno a fín de agilizar este proceso y suprimir la separación como paso previo obligatorio para la separación del vínculo.

A tenor de los datos del INE, a mayor juventud, mayor incidencia de las parejas de hecho. Así, entre los 15 y 19 años es la forma más frecuente de convivencia. Supera a los matrimonios, si bién el número de uniones es escaso. Es el único tramo de edad en el que las uniones superan las bodas.

A partir de los 20 años, predominan las parejas casadas, pero las uniones sin papeles tienen un peso creceiente. Ahora, el 38.4% de las mujeres y el 48.9% de los hombres de entre 20 y 24 años que conviven lo hacen sin casarse. Sin embargo, em 1995, estaba en esta situación el 12.5% de los varones y el 19.1% de ls mujeres, señala Meil. La divergencia de datos en función del sexo se debe a la diferencia de edades entre las parejas. Por término medio, las mujeres suelen tener dos años y medio menos que su novio o marido, explica el experto.

De los 25 años en adelante se incrementa de manera ostensible el número de personas que vive en pareja, pero las uniones de hecho comienzan a perder relevancia. Desde esa edad hasta los 29 años, el 18.8% de las mujeres y el 24.3% de los hombres que cohabita lo hace sin casarse, según los datos obtenidos. La proporción se ha duplicado con creces desde 1995 (8.5% de las mujeres y 11.6% de los hombres que convivían no habían pasado por el juzgado o el altar).

A partir de los 30 años, la proporción de personas en unión de hecho declina (el 12.5% de los varones y el 10.2% de las mujeres entre 30 y 34 años que convive lo hace sin casarse). La proporción continua en disminución según avanza la edad. A partir de los 35 años hay más parejas de hecho en las que al menos uno de sus miembros ha estado casado que uniones en los que los dos permanecen solteros.

A juicio de Meil, los nuevos datos confirman que, de forma creciente, los jóvenes inician su convivencia sin papeles y que luego tienden a casarse. “Aunque son conscientes y aceptan que un matrimonio puede acabar en divorcio, se casan en busca de ciertas garantías para su proyecto de vida en común y para las inversiones económicas y afectivas que requiere, sobre todo si deciden tener hijos”, afirma el experto.”Se tiene la idea de que el matrimonio es para siempre salvo que fracase. En cambio, la unión de hecho se percibe como algo más transitorio, que existe mientras que funcione”, añade. A Meil le sorprende la elevada proporción de jóvenes españoles que se casan sin que mantengan un periodo de convivencia previa, al revés de lo que ocurre en los países del norte y el centro de Europa. “Esto parece deberse más al retraso en la edad de emancipación, que reduce el tiempo apto para tener hijos, que a otros elementos como la influencia de la Iglesia católica”, afirma.

El matrimonio religioso se mantiene como la forma de unión más habitual. “Sorprende el alto grado de matrimonio religioso dado el nivel de secularización de la sociedad española”, sostiene Meil. A su juicio, eso puede deberse a la importancia del rito y de la tradición. “Mucha gente cree que si no se casa por la Iglesia no está bien casado”, explica. Aun minoritarios, los matrimonios civiles ganan terreno. En 1995, el 22.48% de las bodas se celebró ante el juez. En 2002 fueron el 26.64%, según los datos recogidos por el INE.