| La
palabra montaña adquiere en chino y en un contexto determinado
el significado de falo. La grafía de montaña es similar
a un pene en erección, y la de valle se asemeja a una vagina.
A partir de estas similitudes entre significado y significante se
crea todo un simbolismo que se vierte en la literatura erótica
china, una de las más antiguas. Esta cuestión fue
abordada por la profesora granadina Alicia Relinque en un ciclo
organizado en la Casa de la Cultura de Maracena y que coordina el
escritor Gregorio Morales.
La literatura erótica china parte de los niveles de interpretación
de la misma lengua. “Un poema puede ser leído como
la sencilla descripción de un paisaje y sin embargo está
cargado de códigos con una carga erótica oculta”,
comenta Relinque.
La literatura fue en China durante un periodo muy largo de tiempo
el instrumento de poder por excelencia, “de ahí que
existiera un proceso de autocensura y de control muy importante
sobre la escritura”.
“Las formas de expresión cotidianas en el chino no
son explícitas, ya que la escritura es un instrumento de
poder y si se explicaba claramente, el emperador cortaba cabezas”,
matiza la profesora. “La comunicación cotidiana -dice-
incluso hoy, está muy cargada de simbología”.
Este celo vigilante sobre la escritura “es la que lleva al
lenguaje a buscar unos mecanismos determinados”.
Los caracteres adquieren un papel destacado para lanzar unos mensajes
de significación erótica. “Es una escritura
muy gráfica, y los caracteres pueden tener un significado
original, pero a partir de ese significado original se van cargando
de erotismo”, comenta la especialista en chino. Los autores
se sirven de esas grafías y de esas palabras para dar a sus
textos esa otra connotación sexual.
El término despertar, elevar e incitar hay que interpretarlo
en torno al contexto en el que se encuentra. “Hay que buscar
los diferentes niveles de interpretaciones de las palabras, y asía
se contempla todo el universo”. Uno de los poemas más
antiguos chinos es “Cantan los reyezuelos”, una especie
de pajarillo. “Hay que buscar una doncella entre los malvaviscos”,
dice el poema, “y eso ya te está hablando de la búsqueda
de la mujer”, dice Alicia Relinque.
Las normas de Tao
“Un poeta chino puede decir qué bonitas las montañas
y qué bonitos los valles, y en otro nivel de lectura está
diciendo qué bonitos los falos, qué bonitas las vaginas”,
explica la especialista. “Cualquier texto -añade- se
puede interpretar por su vertiente erótica, de ahí
que dependa de la mirada del lector ese otro significado”.
Las relaciones sexuales chinas se articulan en torno a los pensamientos
de Confucio y Tao. Confucio considera preocupante cualquier exceso.
Tao predica la integración del ser humano en la Naturaleza,
“y hay que funcionar en ese sentido”. Tao también
manifiesta la posibilidad de que cualquier humano puede prolongar
su vida eternamente, “y en ese sentido desarrolla toda una
tradición de técnicas sexuales, pero desprovista de
erotismo y buscando la longevidad”. Lo que persigue es el
cuidado del organismo y “no el placer sexual”. Consideran
que la energía vital de las mujeres es más poderosa
que la de los hombres y “hay que tener mucho cuidado, porque
los hombres no se pueden dejar llevar por esa potencia de las mujeres,
y lo que hay que hacer es la práctica del Emperador”.
“El Emperador -dice Relinque- tiene que proporcionar orgasmos
a todas sus concubinas, pero él no puede lograr el orgasmo
porque perdería toda su energía. Las mujeres deben
de alcanzar el éxtasis para que el hombre pueda capturar
la energía que desprenden”. No se busca el placer,
sino la longevidad.
“La sexualidad no se plantea en la cultura china como un
placer, sino como una necesidad. La misión de hombres y mujeres
es procrear”, concluye Alicia Relinque. “La búsqueda
del placer por el placer será interpretada como la puesta
en cuestión de un orden, de una jerarquía y de un
funcionamiento social”, explica la experta.
Los chinos también desarrollarán toda una literatura
homoerótica, de homosexuales, “porque son los hombres
los que tienen el poder de las letras”. “Me he encontrado
más textos referidos a homosexualidad que a las mujeres”,
comenta Relinque..
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