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Terapia Sexual
Problemas
Sexuales en el Hombre
La sexualidad masculina se encuentra atravesada
de forma importante por una serie de mitos tremendamente destructivos
que bloquean, una y otra vez, la posibilidad de disfrute y bienestar
sexual para muchos hombres, fundamentalmente en el contexto de
una relación de pareja.
Muchos de estos mitos se relacionan de una forma clara y directa
con la incomprensión de los mecanismos básicos de
la anatomía y de la fisiología de la respuesta sexual
y genital de los varones. La capacidad de gozar de muchos hombres
se ve bloqueada en relación directa a la existencia de
creencias erróneas de este tipo, algunas de las cuales
se encuentran muy extendidas en la cultura popular como, por ejemplo,
la creencia de que la sexualidad masculina tiene que pasar necesariamente
por una erección o que un hombre tiene que terminar una
relación sexual placentera siempre con una eyaculación.
En caso contrario se supone que no puede disfrutar de su sexualidad.
Con estos y otros mitos sexuales queda enredada y enrarecida la
vivencia sexual masculina. Como si la sexualidad de los hombres
obedeciera a un mecanismo automático donde sólo
hiciera falta "apretar un botón", es decir, mostrar
un estímulo sexual, y sucediera necesariamente una respuesta
ya preestablecida.
"Es
como si cuando una mujer te enseña una teta ¡Plon!
Tuviera que tener una erección automática. Y si
no reacciono de esa manera me pregunta: "¿Qué
te sucede?¿No serás de la otra acera?". Estoy
harto de todo esto, la verdad." (Pedro, 38 años,
funcionario).
Desde el mito del "tamaño del pene" hasta el
de la "erección instantánea" a la manera
del café soluble que se vende en sobrecitos, hoy por hoy,
son muchos los hombres que sufren una presión cultural
que les empuja a responder sexualmente a la manera que se supone
que deberían de hacerlo. Aún contraviniendo las
reglas básicas de la propia fisiología masculina.
Y lo que es más grave, en muchísimas ocasiones somos
los propios hombres, solos, los que nos empujamos a nosotros mismos
a cumplir con unas expectativas preestablecidas y que incluso,
en muchos casos, las propias parejas no comparten.
David
es un joven varón de 26 años. Acude a la consulta
debido, según sus propias palabras, a que tiene "impotencia".
En estos momentos no mantiene una relación de pareja
estable ni nunca la ha tenido. Los fines de semana le gusta
ir a lugares de copas y a discotecas donde "liga"
de vez en cuando. Estos ligues suelen terminar en relaciones
sexuales, con o sin coito, en su coche, pues no dispone de un
lugar de mayor intimidad donde poder disfrutar de un encuentro
sexual. Desde hace cuatro meses viene observando que pierde
la erección durante las caricias en el coche y no puede
recuperarla. Actualmente rechaza situaciones de ligue por este
miedo que tiene a "no funcionar" y sentirse frustrado
por ello. Prefiere evitarlo que probar otra vez. Ahora utiliza
una táctica para decidir si inicia o no inicia una conversación
con una mujer desconocida y atractiva para él (en la
discoteca) : " Si veo una mujer que me atrae, entonces
compruebo si se produce una erección instantánea.
Eso es señal de que luego puede ir bien. Si no tengo
una erección cuando la veo, pues sencillamente paso de
todo y espero otra ocasión mejor".

David es una víctima de la falta de información
sexual básica en torno al funcionamiento de la anatomía
y fisiología genital y sexual de los hombres. Este vacío
de información sexual lo ha ido cubriendo a lo largo de
su adolescencia y juventud con confidencias de otros amigos acerca
de "como funcionamos los hombres en el sexo" y de lecturas
pseudocientíficas cuando no claramente de tipo pornográfico.
Por tanto, se encuentra tremendamente confundido y asustado. No
puede entender por qué le está sucediendo lo que
le está sucediendo y cómo enfrentarlo de la mejor
manera posible. Un repaso detenido del relato de las dificultades
sexuales que nos ha comunicado va a arrojar mucha luz en torno
de las claves equivocadas que le han llevado a David a esta situación
y van a ofrecer pistas claras acerca de cómo puede solucionarlas:
* En primer lugar, David entiende que una relación sexual
debe pasar necesariamente por una erección del pene del
hombre. Si el hombre no tiene una erección no puede gozar
de un encuentro erótico: "¿Cómo puedo
disfrutar si no se da una erección?". Esta creencia
va a funcionar como una presión y un miedo añadido
si comprueba que no se produce la erección deseada y esperada
en el marco de esa relación sexual que está manteniendo.
O bien si, una vez iniciada la relación sexual de pareja,
la erección tiende a desaparecer. En vez de entenderlo
como un mecanismo natural, aparece el miedo y la ansiedad, bloqueando
la re-aparición de una nueva erección. Para muchos
hombres, descubrir que el placer sexual no termina aunque disminuya
o desaparezca la erección ha significado asomarse a todo
un mundo de posibilidades eróticas hasta entonces insospechadas,
así como un enriquecimiento de sus respectivas sexualidades.
Por añadidura, ha significado el reconocer las claves para
facilitar las condiciones y la manera en la que poder recuperar
la erección: dejando que el cuerpo y la naturaleza hagan
su trabajo, sin interferencias a la capacidad de gozar corporalmente,
causa final de la aparición de una erección, síntoma
genital de esta excitación corporal global donde la genitalidad
se encuentra incluida.
Para
muchos hombres, descubrir que el placer sexual no termina aunque
disminuya o desaparezca la erección ha significado asomarse
a todo un mundo de posibilidades eróticas hasta entonces
insospechadas.
* Por otro lado, David comparte la creencia según la
cual una erección se produce de forma instantánea.
De hecho, toma esto como una referencia por la que guiarse y que
marca la diferencia entre atreverse o no atreverse a iniciar un
diálogo con una mujer que considera atractiva. Cabe suponer,
dada la problemática sexual que nos ha planteado, que estas
erecciones instantáneas (que por lo visto podían
producirse en su experiencia del pasado), cada vez se vayan dando
con menor o con ninguna frecuencia a causa de la ansiedad que
pesa, cada vez más fuertemente, sobre la expectativa de
una relación sexual frustrante para David.
Asimismo, hasta que revise el concepto mítico de las
erecciones instantáneas estará prisionero de un
círculo vicioso por el que le resultará muy difícil
disfrutar de unas relaciones sexuales placenteras. Lo realmente
preocupante de lo que nos está planteando David aquí
con su caso, al igual que para otros muchos hombres que atraviesan
por situaciones similares, no es la existencia de una problemática
generada por una sola creencia errónea sino que, por el
contrario, las dificultades para disfrutar sexualmente se encuentran
directamente relacionadas con la coexistencia de un paquete de
creencias míticas que se refuerzan entre sí y que
exigen una revisión global de la manera en que se está
conceptualizando toda la sexualidad y la manera que se tiene de
vivenciarla.
Revisando este concepto mítico de sexualidad así
como las expectativas con respecto a un encuentro erótico,
nos encontramos con las siguientes creencias erróneas que
se entrelazan y refuerzan mutuamente:
- En una relación sexual debe darse siempre una erección.
- Esta erección debe ser instantánea desde un
principio.
- Esta erección debe mantenerse permanentemente durante
toda la relación sexual.
- Esta erección debe terminar siempre en una eyaculación,
señal de que el hombre ha gozado.
- Todo esto debe producirse independientemente de donde tenga
lugar el encuentro sexual y de los factores externos que puedan
interferir o resultar molestos.
Este último aspecto derivado de las circunstancias que
David nos comunicó en el proceso terapeútico: las
relaciones sexuales tenían lugar en un coche, con la consiguiente
incomodidad o preocupación de ser molestados o interrumpidos
por encontrarse en lugares públicos. Por otro lado, estos
cinco "debes" pesan tanto que pueden destruir cualquier
posibilidad de disfrute sexual.
No deja de sorprenderme la frecuencia con que muchos hombres
que acuden a consulta parecen no valorar en absoluto las condiciones
externas donde tiene lugar ese encuentro sexual. Factores como
la comodidad, la tranquilidad y la intimidad no son valorados
y, a menudo, determinan que una relación sexual llegue
a ser una experiencia placentera y gratificante o, por el contrario,
se convierta en una situación molesta y frustrante.
Como si detrás de la conceptualización de la sexualidad,
muchos hombres compartieran un nuevo mito sexual por el que
hay que funcionar sexualmente independientemente de los factores
inhibidores externos.
Este planteamiento erróneo tiene mucho que ver con otro
mensaje cultural que los hombres padecemos con respecto a nuestras
sexualidades y que se puede resumir perfectamente en la frase
que sigue: "Los
hombres tenemos que estar siempre sexualmente
dispuestos, apetecernos siempre y funcionar en
cualquier circunstancia, por muy negativa que ésta pueda
resultar".
No es de extrañar que las consecuencias de este abultado
paquete de creencias míticas tengan un efecto devastador
en las sexualidades de tantos hombres.
El mito de la erección permanente, por ejemplo, ha hecho
mucho daño a demasiados hombres. Con frecuencia está
presente la idea según la cual un hombre debe mantener
la erección todo el tiempo que dure el encuentro sexual.
Podemos calificar a esto como algo perfectamente antinatural,
máxime si el encuentro sexual se dilata en el tiempo. Si
un hombre tiene claro que el objetivo de una relación sexual
es pasárselo bien y disfrutar con otra persona de los sentidos
y del placer corporal compartido, probablemente pueda tener una,
dos, tres ó más erecciones a lo largo del juego
erótico. Probablemente la erección se convierta
entonces en un componente más de ese juego erótico
y no en una obligación ó en un trabajo. Y pueda
aparecer y desaparecer, siguiendo las sinuosidades de su propia
curva de excitación corporal y genital, sin significar
con ello una amenaza al placer o a la autoestima masculina. Se
trata de disfrutar, no de cumplir en la cama.
Factores
como la comodidad, la tranquilidad y la intimidad no son valorados
y, a menudo, determinan que una relación sexual llegue
a ser una experiencia placentera y gratificante o se convierta
en una situación molesta y frustrante.
El mito que identifica necesidad de eyacular con necesidad de
penetrar, por ejemplo, ha sido otra de las confusiones sexuales
más frecuentes y destructivas para las sexualidades de
muchos hombres. Entre otras cosas porque una penetración
o un coito es cosa de dos personas y una eyaculación o
un orgasmo, en último término, es una cuestión
individual. Si dos personas no lo desean, no debería intentarse
pasar en una relación sexual a la penetración (o
a cualquier otra práctica sexual no deseada mutuamente),
fundamentalmente porque en el encuentro erótico consiste
en disfrutar juntos haciendo lo que resulta excitante y placentero
para ambos. Por el contrario, si un hombre (o una mujer) desea
tener un orgasmo ó llegar al momento de la eyaculación,
esto tan sólo va a depender, en última instancia,
de uno mismo. Si en el contexto de la relación de pareja
puede darse dentro del juego erótico, perfecto. Pero si
no puede darse por el motivo que fuere, el propio hombre (o la
propia mujer) tienen la posibilidad, siempre, de procurárselo
en solitario o en otro momento.
Una
penetración o un coito es cosa de dos personas y una
eyaculación, en último término, es una
cuestión individual.
A los hombres se nos ha confundido culturalmente mezclando estas
dos cuestiones: necesidad de penetrar con necesidad de eyacular.
Se las ha identificado en base de una confusión supuestamente
fisiológica. Se ha confundido una necesidad o un deseo
sexual fisiológico de alcanzar el momento orgásmico
o de llegar a una eyaculación, con el deseo sexual erótico
de realizar una determinada y única práctica sexual
para alcanzarlo ( a través del coito o penetración
vaginal). Se ha confundido el fin con la vía para alcanzar
ese fin llegando, en muchas ocasiones, a un callejón sin
salida y a situaciones frecuentes de frustración. En el
peor de los casos, de imposición de las formas sexuales
no compartidas a la pareja, que no las deseaba en ese momento
o de esa forma. Si un hombre (o una mujer) mantiene la creencia
errónea de que cuando desea una relación sexual
con la pareja, su deseo significa que tiene que llegar a la penetración
o de lo contrario se frustrará sexualmente, está
entrando en campos de ansiedad, en callejones sin salida. Porque
su placer erótico y sexual va a depender de un estrecho
margen erótico de maniobra. Va a depender de si la otra
persona desea hacer exactamente lo mismo, en el el mismo momento
y aproximadamente de la misma manera que uno mismo (o una misma)
lo desea: penetrando.
Si, por el contrario, diferenciamos ambos aspectos y reconocemos,
por un lado, que cualquier persona tiene el derecho a disfrutar
de su orgasmo o vivencia orgásmica cuando lo desee y, por
el otro, que si se desea alcanzar dicha experiencia a través
de una práctica sexual compartida (sea la penetración,
sea una relación buco-genital mutua, sea por masturbación
de la pareja, etc.) bienvenido sea. Y que si no se puede alcanzar
por ninguna práctica sexual compartida, la persona deseante
puede procurárselo ella misma... pues desaparece el problema.
Dejamos de adoptar actitudes de presión, egoístas,
de manipulación del otro, para enfocar actitudes verdaderamente
respetuosas con la sexualidad propia y con el mundo erótico
de la pareja. Y lo que es más importante, mejoramos en
muchos puntos la calidad de nuestra vida sexual, abriendo campos
de comprensión y de placer que antes estaban constreñidos
a la obligatoriedad de unas formas en extremo limitadas y que
confundían la necesidad con la manera de satisfacerla.
Otro mito cultural del que quedan impregnados estos anteriores
es la creencia por la cual, para gozar y en el marco de toda relación
sexual con otra persona, el hombre tiene que ser necesaria e imprescindiblemente
activo, siempre y en todo momento. Llevar las riendas, controlar,
hacer y deshacer, trabajar bien en la cama, cumplir...Hay muchas
maneras en que este mensaje envenenado se ha introducido en las
sexualidades de los hombres. Ser sexualmente activo puede ser
algo valioso, importante y necesario para cualquier persona que
desee disfrutar de su sexualidad. Pero serlo siempre y en todo
momento supone un servilismo sexual y la incapacidad de poder
disfrutar de, al menos, un 50% de las posibilidades derivadas
de la actitud erótica complementaria a ésta: ser
sexualmente pasivo, dejarse llevar, poder relajarse y disfrutar
de las caricias de la otra persona por el puro placer de sentir
a la pareja y lo que la pareja te hace desde esta nueva actitud.
En el fondo de toda esta cuestión subyace un mito-matriz
que alimenta a todos los demás y los articula en una especie
de trampa que atenaza, hoy por hoy, las sexualidades masculinas.
Este mito-matriz que se plasma en la creencia de que el placer
sexual propio va a depender de la otra persona, nunca de uno mismo
o una misma. Más que como personas autónomas, críticas
y responsables de nuestras propias vidas se nos ha educado culturalmente
en la dependencia de los demás. Se nos ha educado en esta
actitud que sobrepasa la dimensión sexual y que se convierte
en una referencia profunda a la hora de establecer relaciones
entre las personas a cualquier nivel. No es extraño que
esta actitud deformada ante la vida se transmita al área
sexual y se traduzca, de nuevo, en dificultades a la hora de establecer
un marco respetuoso donde poder disfrutar de la comunicación
erótica y placentera en pareja.
La
creencia de que el placer sexual propio va a depender de la
otra persona, nunca de uno mismo o una misma.
No se nos ha educado en la responsabilidad sexual, fundamentalmente
porque no se nos ha educado en la responsabilidad ante la vida.
La sexualidad, al igual que otras dimensiones humanas, queda impregnada
de esta actitud errónea que podemos resumir en la frase
que sigue:
"Si
mi placer sexual depende de tí y yo no disfruto, entonces
tú eres el culpable de ello. No eres capaz de hacerme
gozar".
Esto viene a que nos han educado (hasta la década de los
años setenta) en que el placer sexual de la mujer dependía
fundamentalmente de las habilidades amorosas del hombre. Más
recientemente y de la mano de un mal entendido sentido igualitario
sexual, se ha generalizado a ambos sexos una versión de
esta vieja y equivocada actitud que deja en manos de la pareja
la posibilidad de disfrutar la propia sexualidad. Ahora, hombres
y mujeres debemos ser expertos acariciadores para saber dar placer
y satisfacer al compañero o compañera sexual y de
las formas adecuadas. Nada más lejos de la realidad, puesto
que se trata de algo, literalmente, imposible.
MITOLOGIA SEXUAL
MASCULINA
- Tener un pene grande
- Erección obligatoria
- Erección instantánea
- Erección permanente
- Peligro: dolor de testículos
- Hay que llegar a la penetración
- Hay que acabar en eyaculación y orgasmo
- Estar siempre sexualmente dispuesto
- Ser inmune a condiciones externas adversas a la relación
sexual
- Ser responsable del placer de la pareja
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Imposible tanto en cuanto el placer y el disfrute sexual nunca
van a depender de la pareja sino de una actitud positiva individual
y de una apertura personal al placer. Por muy experto o experta
que la otra persona pudiera ser en cuestiones sexuales, nunca
podrá ser capaz de dar placer si la otra persona no está
abierta a tal posibilidad.
Por el contrario, si una persona se encuentra dispuesta a explorar
el mundo de su sexualidad, aún sin experiencia alguna,
podrá disfrutar sexualmente junto con su pareja, siempre
y cuando la guía de sus relaciones sean ellos mismos y
la sensibilidad compartida sea la referencia de su experiencia.
Aprender a gozar no es algo que se pueda estudiar en los libros,
puesto que cada persona es sexuada y su mundo erótico-sexual
es algo personal e intransferible. En última instancia,
puede llegar a considerarse experta en sí misma, pero siempre
será una novata en cuanto al mundo erótico de su
pareja se refiere. Esta puede ser una actitud sustitutiva que
recomendar, más positiva, y una clave importante por la
que guiarse si se desea disfrutar de verdad de unas relaciones
sexuales respetuosas, satisfactorias y creativas.
Es importante una revisión de las actitudes sexuales
heredadas culturalmente puesto que nadie escapa a este planteamiento
mítico de fondo. La clave mítica que pasa por evitar
que cada persona sexuada y sexual asuma la responsabilidad propia
e intransferible, repito, de su propio placer sexual. En definitiva,
se trata de facilitar el crecimiento sexual y erótico de
las personas. Llegar a ser personas sexuadas y sexuales autónomas,
críticas y dueñas de nuestra propia capacidad de
gozar y de sentirnos bien en nuestro cuerpo y en nuestra vida.
No
se nos ha educado en la responsabilidad sexual, fundamentalmente
porque no se nos ha educado en la responsabilidad ante la vida.
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